Por: Klaus Ziegler

Pulpos y probabilidades

Lo que comenzó como una treta publicitaria se convirtió en uno de los mayores fenómenos de este Mundial.

El pequeño Paul, el pulpo psíquico del acuario de Oberhausen, en Alemania, desafiando las probabilidades, predijo sin equivocarse el resultado de ocho partidos --uno por cada brazo--, hazaña que envidiaría el más consagrado de los clarividentes. Su fama ha llegado a tal punto que ingleses y británicos se disputan su nacionalidad, y algunos empresarios ya han ofrecido hasta treinta mil euros por este Nostradamus cefalópodo que tiene su fama asegurada al lado de estrellas como Villa o Forlán.

En internet circulan todo tipo de teorías para explicar las habilidades psíquicas de Paul, algunas tan absurdas como las de aquel biólogo peruano que afirma que el molusco adivina eligiendo la bandera de colores más claros. Una tontería que obviamente no explica nada, y que ni siquiera se ajusta a los hechos, pues el pulpo escogió la bandera alemana con su gran franja negra en vez de la bandera argentina, blanca y celeste. No faltan por supuesto las teorías conspiratorias que suponen la existencia de un gigantesco fraude orquestado por las mafias del futbol, que tenían los partidos arreglados de antemano, y cuyos tentáculos de alguna manera se extienden hasta el acuario de Oberhausen. Una explicación que resulta a mi juicio más increíble que los poderes paranormales de Paul.

Antes de aventurar cualquier explicación habría que cuestionar primero la veracidad de la información divulgada en los medios. En primer lugar, hay buenas razones para dudar de que Paul haya sido el mismo pulpo que predijo correctamente cuatro de los seis partidos del equipo alemán en la Eurocopa hace dos años, pues el pulpo vidente de ese entonces era ya un adulto, y los pulpos suelen tener una esperanza de vida no mayor a tres años. De otro lado, no es difícil ver que la probabilidad de acertar al azar cuatro o más partidos de seis --suponiendo contendores equilibrados-- es del 48%, resultado que no exige ningún extraordinario don paranormal.

Pero aun si Paul fuese el mismo viejo adivino, todavía estaría por verse que en verdad haya acertado tantas veces como se afirma. Se lo puede ver en un video escogiendo la almeja dentro de la urna con bandera alemana (vaticinio de que derrotaría a Argentina); en otro, pronosticando que España sería uno de los dos finalistas, y en un tercero, eligiendo a España como el gran campeón. Pero no conozco ninguna evidencia sobre sus otros supuestos aciertos, y he escuchado que en realidad erró en su pronóstico sobre el duelo Ghana-Uruguay.

Solo por diversión, démosle a los pulpómanos el beneficio de la duda, y hagamos el ejercicio de estimar algunas probabilidades para ver qué tan prodigiosos resultan ser los poderes psíquicos del molusco adivino. Por puro azar, y suponiendo contendores del mismo nivel, la probabilidad de acertar ocho resultados sería igual a 1 dividido por 2 elevado a la potencia 8, es decir, aproximadamente 0.4%. Un evento bastante improbable, aunque cuarenta veces más probable que ganarse una lotería de cuatro cifras y mil veces más factible que morir en un accidente aéreo. Pero si suponemos que no es Paul quien decide sino su entrenador, y que como ocurre en muchos partidos, existe información adicional que permita hacer una apuesta con más favorabilidad que en un simple juego de cara-sello, digamos con posibilidades de acertar del 65%, entonces la probabilidad de vaticinar el ganador en una serie de ocho partidos sube al 3.2%, un valor menos improbable.

Pero, y es aquí donde las probabilidades nos engañan, si realmente Paul --o mejor dicho, su entrenador--, en vez de haber acertado todos los partidos en realidad hubiese pronosticado correctamente, por ejemplo, solo seis de ocho (y suponiendo como antes que la probabilidad promedio de acertar en cada uno de ellos sea del 65%), entonces la probabilidad de tal “hazaña” sería del 25%, lo cual equivale a sacar dos caras en dos lanzamientos consecutivos de una moneda, un evento nada improbable.

Si las probabilidades no fueran tan engañosas, hace mucho tiempo que hubieran desaparecido las loterías y los casinos. ¿Cuánto apostaría el lector a que en un salón de 35 estudiantes haya por lo menos dos de ellos que cumplen años el mismo día? La apuesta se ve muy desfavorable, con posibilidad de acertar de solo una de cada diez veces (35 dividido entre 365). Pero en realidad la apuesta es excelente, con una probabilidad del 70% de ganarla. Y si el grupo tiene cincuenta o más alumnos, ¡la probabilidad alcanza el 97%!
Tal parece que en el fútbol como en la economía, o en la predicción de tsunamis y terremotos, los pulpos y otros animales superan a los expertos. Tal vez por ello los argentinos confiaron su suerte en un delfín parasicólogo que vaticinó el triunfo de su selección sobre la de Alemania. Y en un loro parlanchín, que alguna vez fuera gran futbolista.

 

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