Viabilidad para elegir al Fiscal

Aunque parezca increíble, la Corte Suprema de Justicia no ha podido elegir al nuevo Fiscal General de la Nación. Ninguno de los postulados por el presidente Álvaro Uribe Vélez ha conseguido los 16 votos que se requieren para llegar al principal cargo de impartir justicia en Colombia. En consecuencia, en calidad de encargado continúa el abogado Guillermo Mendoza Diago.

Ante la anterior situación y con motivo del inicio del próximo gobierno del presidente Juan Manuel Santos Calderón, ahora lo más conveniente e importante desde el punto de vista jurídico y administrativo es que los tres postulados (Margarita Leonor Cabello Blanco, Marco Antonio Velilla Moreno y Jorge Aníbal Gómez Gallego) renuncien o declinen esta postulación.

Así el presidente Santos Calderón podría integrar una nueva terna ante la Corte Suprema de Justicia y se presentaría la viabilidad total para la correspondiente designación del abogado que ha de regir los destinos en esta importante institución.

Ahora bien, ante la experiencia vivida en este procedimiento resulta supremamente importante y conveniente que la nueva terna de postulados la integren profesionales abogados con amplia experiencia en cuestiones atinentes al Derecho Penal.

Finalmente es oportuno afirmar en voz alta que la Corte Suprema de Justicia en este procedimiento de elegir al nuevo Fiscal General de la Nación está cumpliendo con su deber y con las funciones que le otorga la Constitución Política de Colombia, puesto que como lo sostuvo el escritor francés Albert Camus, “la dura y maravillosa tarea de este siglo es la de edificar la justicia en el más injusto de los mundos”.

 

 Jorge Giraldo Acevedo. Santa Marta.

Chávez y un recuerdo

Estaba en la escuela pública, cursando el 4º elemental, era un niño pacífico, debilucho y además venía del campo. Uno de esos niños grandes y bravucones me la montó, como suele ser muy común. Cierto día de lluvia, dicho montador jugaba a las canicas y estaba en cuclillas precisamente sobre un buen charco de agua. Fue entonces cuando se me vino la idea de sentarlo. A sabiendas de lo que me correría pierna arriba, dicho y hecho. Eso sí: paticas salvadme. “Corre que te alcanzo, flaco campesino”, me gritaba. De repente paré, saqué la mano y allá cayó Goliat, fue un milagro, un gran milagro. Cuando escucho al “regordete, vulgar e injurioso Chávez”, surge este archivo de mi memoria. Dan ganas de sentarlo en un gran charco de su impropio petróleo y hacer que aprenda a respetar.

 

 Gustavo Idárraga. Medellín.

 

 

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Lectores opinan

La cofradía del santo reproche

No entiendo por qué no entienden

Al oído de los conjueces

De igualdades y discriminaciones

De Julio Londoño sobre una columna