Más sobre editorial del Procurador y el aborto

Frente al inmenso mar donde naufragan casi a diario las investigaciones relacionadas con los azarosos hechos de las violaciones a los derechos humanos, mal podría pasar inadvertida la bien fundada defensa que viene haciendo El Espectador en favor de los derechos reproductivos de la mujer (Editorial “Límites al Procurador”, martes 17-08-10), en especial cuando el alto funcionario, a quien corresponde defenderlos de manera expresa, está contrariamente dedicado a una inusual y feroz campaña de desprestigio de los citados derechos, por lo demás considerados como fundamentales.

Censurable estrategia, hábilmente diseñada con rebuscados y sutiles procedimientos legales, cuyos perversos fines conducen a preguntar sin esguinces de qué manera podría ser sancionado (o amonestado, si se quiere) el procurador general, Alejandro Ordóñez, por el grave hecho de estar incumpliendo con sus funciones constitucionales (Art. 277, numerales 1, 2 y 3).

Como, asimismo, qué tantas implicaciones legales le podría acarrear su pretensión de amalgamar sus posiciones católicas extremas y recalcitrantes con sus inviables conceptos jurídicos, que apuntan perniciosamente a la almendra de las sentencias ya ejecutoriadas y de la jurisprudencia de la Corte Constitucional. Lo anterior, sin tener en cuenta el vergonzoso uso que viene haciendo la Procuraduría de los millonarios recursos que le entrega anualmente la agencia USAID y que tiene por objeto (léase bien) “la promoción de los derechos de la mujer en Colombia”.

Es por ello que, acorde con los lineamientos del relevante editorial, mal podrían olvidarse las promesas que hiciera el procurador Ordóñez, tras ser elegido por la plenaria del Senado en 2008, al divulgar con bombos y platillos que adelantaría el “combate a la corrupción, la protección de los derechos fundamentales y la defensa a ultranza de las garantías constitucionales” (El Tiempo, 12-12-08). Es debido al incomprensible hecho de que el señor Procurador parecería estar ignorando que su mandato le fue otorgado bajo las bien ganadas luces de un Estado secular, que entonces la gran ironía y el cinismo que rodean este penoso asunto superan todos los límites posibles.

 Ramón Francisco García S. Bogotá.

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