Por: D. Buenavida

La Mina

La Mina es el restaurante del nuevo hotel JW Marriott de la calle 73. El montaje de La Mina es lujoso porque su decoración es elegante y costosa. La atención cuenta con un personal bien entrenado, al que aún le falta mucha soltura. Ofrece “steak and lobsters”, la moda en los Estados Unidos. La carta se inicia con ocho entradas. Encontramos tiraditos peruanos, un foie gras no se dé que origen, pero preparado a la japonesa, ensalada César, carpaccio de lomo de res, langostinos, entre otros. Hay otra lista llamada “Otros”, son ocho platos variados donde hay pechugas de pollo, calamares, pescados y langostas de Maine. “Nuestros cortes” es la lista principal de La Mina. Ofrece diez cortes argentinos de Angus con cuarenta y cinco días de maduración, con cortes argentinos y colombianos conocidos y precios entre $42.000 y $58.000. Las carnes vienen acompañadas de tomate a la parrilla y cuatro salsas.

Se esmeran en cosas que aquí se consideran sin importancia, pero que le dan un toque especial al restaurante; una canastilla de ricos panecillos y lavash y cuatro sales para las carnes: dos de Hawai, una ahumada de Jamaica y una de Manaure. Hay además una lista con platos para acompañar las carnes, que se cobran aparte.

Conozco las langostas de Maine: además de tener tenazas, cuando se compran y se hierven vivas en agua unos minutos son excelentes, pero creo que no superan tanto a sus primas sin muelas colombianas como para pagar tanto más por ellas. Por lo tanto nos fuimos directo a la especialidad del sitio. Como entrada pedimos “tiraditos peruanos”. Nos sirvieron porciones pequeñas de atún, corvina y salmón con tres deliciosas salsas. Buen plato, lo recomiendo con entusiasmo. Seguimos con “Medio lomo de Angus” acompañado con tomate a la parrilla y espárragos con salsa holandesa. El lomo jugoso, hecho al punto que manda la buena culinaria y delicioso. También pedimos el recomendado “ t-bone steak”, resultó un fiasco imperdonable en contra de todo lo anunciado. ¿Será que no les cumplió el carnicero? No creo que la carne tuviera 45 días de maduración, no tenía el peso de 500 gramos ofrecido y estaba demasiado cocido. Fue una experiencia frustrante y costosa. Las espinacas gratinadas con que acompañamos mejoraron la situación. De seis postres que se salen de los comunes en los menús bogotanos pedimos la tartaleta de mango, con buenos resultados.

Qué lástima lo del t-bone. Espero que estas fallas se subsanen pronto.

Carrera 73 N° 8-60. [email protected]

 

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