Por: Nicolás Uribe Rueda

Y ahora le toca al Congreso

EN MES Y MEDIO, EL PRESIDENTE Santos ha construido con rapidez y con acierto el talante de su gobierno para los próximos cuatro años. Con precisión, el Gobierno trabaja para arreciar en materia de seguridad en un momento difícil, y con agilidad moviliza la institucionalidad para echar a rodar las famosas locomotoras que deben jalonar la economía y el empleo.

Pero además, el Gobierno arrancó empeñando altas dosis de capital político. Se planteó ante la opinión una agenda ambiciosa para los próximos meses. Primero, una serie de reformas estructurales en muchos temas: salud, justicia, ley de tierras y reforma a las regalías, por sólo mencionar las principales. Propuso  también una reestructuración del Estado en varios frentes: se acaba el DAS y la Comisión Nacional de Televisión; se recuperan tres ministerios (Salud, Ambiente y Justicia) y se crean agencias tan importantes como la Nacional del Agua.

En estas semanas, el Gobierno internamente ha sabido abordar temas espinosos, como el de la terna para Fiscal General de la Nación, y en materia de relaciones exteriores ha planteado un acercamiento importante con México y Brasil, asunto que nos permitirá redimensionar nuestra posición continental y fortalecer las relaciones bilaterales.

La opinión pública está entusiasmada con las decisiones del Gobierno, y empieza a estar expectante de las realizaciones que deben sucederlas. Hay continuidad en líneas estratégicas y cambios que refrescan el ambiente político. Los incrédulos de las épocas electorales son más santistas que los que acompañaron al candidato en la campaña, y en general, el optimismo ciudadano es creciente sobre las posibilidades de que Colombia siga transitando por la ruta del progreso. Para resumir: el Gobierno ha hecho bien la tarea y de ello es consciente la ciudadanía que lo premia en las encuestas.

Ahora, el turno para entrar en escena y demostrar de qué es capaz y de qué talante está compuesto, le corresponde al Congreso de Colombia. Por sus comisiones debe transitar casi que el 80% de los temas importantes que ha planteado el nuevo Gobierno.

Para ser exitoso, el Congreso tiene que aprovechar las posibilidades que brinda la coyuntura. Benedetti debe poner su parte para garantizar que su relación con los medios y su sintonía con la opinión sirvan para la recuperación de la credibilidad del Parlamento. Se debe tramitar con profundidad y con acierto el debate sobre el destino de las regalías, que se convierte en la posibilidad para demostrar que en el Congreso es posible derrotar las tentaciones politiqueras del derroche irresponsable. La Unidad Nacional tiene que concretar su existencia en logros concretos y verificables, como por ejemplo aprobar por consenso una buena reforma de tierras o un régimen electoral decente que garantice unas elecciones transparentes.

Yo sé que hablar bien del Congreso no es taquillero, e incluso para algunos resulta hasta insultante. Pero yo quiero pensar bien, y creer que ahora que le toca al Congreso, éste no va a desaprovechar su oportunidad para hacer bien la tarea que le corresponde.

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