Por: D. Buenavida

Urbano

En Europa existen pequeños restaurantes con buena cocina, con menús diseñados con creatividad, con cocina local y los chefs, que normalmente son sus propietarios, son buenos cocineros. Los recintos son acogedores y bonitos y no hacen despliegues de decoración costosa. En Francia los llaman bistrós, en Italia son trattorias. Entre sus características está la creatividad. Siempre se encuentra algo diferente y los precios son bajos, comparados con los restaurantes de alta cocina. No hay que confundirlos con los buenos restaurantes baratos, que tienen una carta sencilla que es prácticamente igual en todas partes, y se diferencian entre ellos porque algunos cuentan con buena culinaria, se preocupan por los ingredientes y saben conseguirlos buenos.

Confié, otra vez, en el amigo. Me dijo: “Urbano es como una especie de bistró, hace trece años no voy, vamos con la idea de que la exploración es parte de los azares que conlleva este oficio”.

La presentación del sitio realmente deja mucho que desear. La carta muestra originalidad en los platos que ofrece, podemos decir que 80% es preparado con salsas propias. Cuenta con seis entradas desde $12.000 a $17.700, entre ellas dos antipastos y abundante pasta. Doce platos fuertes, la mayoría lomos de res a la parrilla con diferentes salsas y guarniciones; hay también pollo, trucha y un plato vegetariano. Los precios, alrededor de $23.000. Cuatro ensaladas, muchas con pastas y no muy atractivas gastronómicamente. Los precios de $19.000. Observamos que los precios dan para exigir una comida cuando menos aceptable.

De entrada pedimos ‘La setenta y dos con Caracas’, que es una brusqueta con calamares al vino y champiñones. Era una tajada de pan mal tostada con calamares hechos con un vino dulzón, un verdadero desacierto culinario. Seguimos con ‘Bosque Izquierdo’, que es un lomo con berenjenas, aceitunas, tomate seco y mozzarella, o sea con una especie de ratatouille encima. La carne, aunque cocida a su punto, pero no con buena parrilla, estaba desabrida, no sé cómo lograron que estuviera tan mala. La ratatouille encima no estaba tan mal. Las pastas cortas que la acompañaban eran una infamia, una ensaladita de tomate y lechuga estaba aceptable. Pedimos también ‘Teatro Colón’, osea pechugas de pollo con salsa de tamarindo y champiñones. La mezcla de champiñones con salsa de tamarindo no auguraba éxitos gastronómicos, pero quisimos dar un voto de confianza a la creatividad. El resultado fue decepcionante. Mal asado de la pechuga y mala concepción del plato. Pedimos jugos de frutas que estaban muy buenos y una torta de naranja con semillas de amapola que no era hecha en casa y estaba muy buena.

Algo cambió en estos trece años, o el amigo que desde entonces ha ido varias veces a solazarse en los bistrós franceses, o el restaurante Urbano. La frustración fue grande, no comimos bien en Urbano.

Carrera 4ªA N° 27-09 Tel. 334 1432.

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