Ángela María Robledo: ¿por qué el Consejo de Estado le quitó la curul en la Cámara?

hace 1 hora
Por: María Elvira Samper

A rey muerto, rey puesto

PODRÍA APOSTAR A QUE, MÁS TEMprano que tarde, el presidente Santos va a desatar el nudo gordiano en que se ha convertido la elección del Fiscal General y designará una nueva terna con juristas que le den tranquilidad a la Corte Suprema.

Atando cabos aquí y allá, leyendo entre líneas declaraciones del Presidente y del ministro del Interior, Germán Vargas Lleras; del presidente de la Corte Suprema, Jaime Arrubla, y del jefe del Partido Liberal, Rafael Pardo, queda la sensación de que están cocinando a fuego lento una solución. Y digo a fuego lento porque Santos sabe que tiene que moverse como gato entre porcelanas para no herir las susceptibilidades de su antecesor.

Entre los cabos sueltos para unir están el ramo de olivo que durante la campaña Santos le tendió a la Corte, atacada y maltratada por Uribe y espiada por el DAS; la visita de cortesía que le hizo después de su posesión y la promesa de que su gobierno respetaría las decisiones judiciales; la manifiesta disposición a buscar fórmulas para resolver el impasse y, finalmente, la intervención en la sala plena cuando presentó el contenido de la reforma de la justicia y dijo que era necesario poner punto final a ese capítulo y “no cerrar por anticipado puertas que garanticen una pronta solución”.

Si bien el Presidente dijo que “por ahora” no tiene intención de cambiar la terna, subrayo el por ahora y ato ese cabo con los que ha soltado el ministro Vargas Lleras —con excelentes relaciones con la Corte y muy buenos amigos entre los magistrados—, cuando le preguntan sobre el asunto, y que pueden resumirse en dos: primero, que el Gobierno acepta cualquier fórmula de la Corte para destrabar la elección, y segundo, que el Presidente puede enviar una nueva, pero que la pelota está en la cancha del tribunal y que debe notificar oficialmente su posición y explicar la tesis del “decaimiento” de la actual, tesis que esbozó Arrubla en respuesta a la carta que el jefe del liberalismo envió a la Corte y en la que solicita que le pida al Gobierno que la cambie.

La carta es el hilo que permite unir el entramado que parecen estar tejiendo con sutileza Gobierno y Corte para crear las condiciones para que Santos designe una nueva terna. No hay puntada sin dedal y sería ingenuo pensar que la misiva no fue acordada para que sirviera de catalizador. Como diría el Chapulín Colorado, “todo está fríamente calculado”.

Un cabo adicional es algo que me dicen mis fuentes y es que hay acercamientos entre los bloques de la Corte para dirimir diferencias. Sólo faltaría, entonces, una última puntada: la renuncia de los integrantes de la tripleta. Si bien es viable, tanta votación sin que haya salido humo blanco acabó por convertirla en inelegible. Los jugadores en la mesa sabrán arreglárselas para plantearles una salida digna a los tres “decaídos” candidatos.

Como buen jugador de póquer, Santos se ha movido con habilidad, sin dejar ver sus cartas. Al tiempo que restableció relaciones con la Corte, ha dado señales de no querer torear a Uribe y en privado dice que no quiere molestarlo. Pero “a rey muerto, rey puesto”: Santos es el jefe del Estado y la Constitución dice que corresponde al Presidente designar la terna para la elección del Fiscal.

En los corrillos suenan candidatos y entre ellos figuran Fernando Arboleda Ripoll, ex magistrado de la Corte Suprema; Fernando Carrillo, ex ministro de Justicia y cabeza de la comisión de empalme de la Justicia; María Mercedes López, magistrada del Consejo Superior de la Judicatura, y el ex procurador Edgardo Maya. El cocinado está en la olla y se cocina a fuego lento.

 

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