Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Medias tintas

LA PROVIDENCIA DE ALEJANDRO ORdóñez que destituyó ruidosamente a Bernardo Moreno, dos ex directores del DAS y uno de la UIAF, más otros funcionarios, y en la que silenciosamente absolvió a su compañero de camándula, César Mauricio Velásquez, es tardía, incompleta y sinuosa.

El Procurador no tuvo fuerza para proferir esa decisión en el reinado de Uribe, pero además lo hizo cuidándose de no sancionar por cargos más severos, obviamente para no complicarles la situación penal a los implicados y para que puedan demandar la destitución ante el Consejo de Estado. Adicionalmente, la decisión del “Absolvedor” promueve la falsa idea de que más arriba de los funcionarios sancionados, no hubo nadie detrás de la guerra sucia, con lo cual jamás se sabrá la verdad.

Dejando de lado la decisión de Ordóñez, he de decir que no logro adivinar la razón por la cual, si el asunto de las chuzadas es tan transparente como lo pregonan los ex funcionarios de la “Casa de Nari”, el ex presidente Uribe tenía que venirse con el críptico comunicado que expidió, para pronunciarse sobre la destitución de sus subalternos.

Sorprende que a pesar de que los destituidos fueron varios, a Uribe el único que pareció preocuparle fue su ex secretario general, y lo hizo además dejando dudas graves sobre su proceder. No hubo una sola línea para María del Pilar Hurtado, Jorge Noguera ni Mario Aranguren, todos protagonistas del escándalo.

Que Uribe haya asumido responsabilidad jurídica y política “si aquello que hizo el doctor Bernardo Moreno... fue averiguar al DAS y a la UIAF por las denuncias que medios de comunicación” tejían sobre la financiación de los viajes de los magistrados de la Corte Suprema, fue una maniobra a lo Pilatos, cuyo pecado no fue haberse lavado las manos sino haberlas tenido sucias. El comunicado contiene hechos groseramente contrarios a la realidad.

No es verdad que las gestiones del ex secretario de la Presidencia, ni las de los demás destituidos, se limitaran a averiguar en el DAS y en la UIAF sobre un rumor que corría en los medios relacionado con un viaje de los magistrados financiado por Ascencio Reyes. La cosa fue al revés. La “Casa de Nari” utilizó al DAS y a la UIAF no para comprobar un rumor, sino para crearlo y propagarlo en los medios, todo dentro de un plan de desprestigio.

¿Por qué el Gobierno deslizó en los medios el cuento del viaje de unos magistrados financiado por un oscuro contertulio, y no lo denunció a las autoridades? Difícil creer que ello se hizo para salvaguardar a la Corte o pensando en la seguridad y la defensa nacional. Allí también la memoria traicionó al ex presidente Uribe, pues olvidó mencionar que por la misma época en la que Bernardo Moreno reconoce haber pedido información a Satena sobre el vuelo chárter de los magistrados, estaba agitándose la “parapolítica” y la situación jurídica de Mario Uribe.

Lástima que la Procuraduría, pudiendo haberlo hecho, no se hubiere atrevido a precisar que la razón de la siniestra campaña tuvo por objeto acallar a los magistrados que conducían los procesos penales contra los miembros de la coalición de Gobierno.

Eso y mucho más quedó disimulado en el comunicado de Uribe, en el que no fue capaz de afirmar que nunca se enteró de lo que ocurrió en sus propias narices. Algo similar le sucedió a Bernardo Moreno en la W Radio, quien ante la imposibilidad de responder la entrevista en la que por primera vez fue confrontado con los hechos, tuvo que terminarla abruptamente cuando los periodistas pusieron al descubierto sus contradicciones.

Leyendo el fallo del Procurador y el comunicado de Uribe, he recordado la frase de Peter Brian Medawar, el premio Nobel de Medicina, quien sentenció que “los que escriben oscuramente, o bien no saben escribir, o traman alguna canallada”.

Adenda. Bien por la Corte Constitucional que reconoció por fin que la profesión más antigua del mundo, la prostitución, es un trabajo con derechos.

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