Por: Ramiro Bejarano Guzmán

El sello ‘Jojoy’

NADIE DABA CRÉDITO AL DICHO DEL temido Mono Jojoy, porque a su cinismo se añadía su gigantesca capacidad de mentir sin importarle el dolor ajeno.

Las imágenes del bandido notificándoles a los secuestrados su penosa condición de canjeables, dejaron testimonio imborrable de su maldad. Pero bastó que lo dieran de baja, para que su pluma inédita se convirtiera en verdad revelada de todo.

A juzgar por el uso que hace el Gobierno de los correos encontrados en los computadores de Jojoy, no hay crimen o complot que no hubiere pasado por sus manos o del que no hubiese tenido conocimiento.

Lo primero que se divulgó del computador de Jojoy fue una referencia al bombazo a Caracol, al que el Gobierno le atribuyó el carácter de prueba irrefutable de que fue obra de las Farc. El bocón de José Obdulio, haciendo gala de la ligereza con la que acusa de ser auxiliadores de la guerrilla a quienes no piensan como él, celebró ruidosamente el hallazgo, porque en su entorno cultural y familiar se siente cómodo y seguro creyéndole ciegamente a la delincuencia. No hubo nadie que se preguntara a quién estaba dirigiendo el Mono Joyoy el correo que supuestamente lo incrimina en un atentado —que me sigue pareciendo sospechoso—, ni a propósito de qué, ni por qué, ni para qué. Lo dijo Jojoy, y eso es suficiente, no importa que hace menos de un mes se le consideraba maldito y mendaz.

Pero también Jojoy dejó registrada en sus computadores una supuesta conspiración para envenenar al ex presidente Uribe. No sabemos ni cómo, ni con qué, ni cuándo, ni dónde, iba a tener lugar este crimen al estilo de los Borgia. Además, nos quedamos sin saber si el execrable proyecto se iba a ejecutar por otro infiltrado en la “Casa de Nari” o en “El Ubérrimo”, o en un Consejo Comunal. Tampoco nos enteramos de si la pócima mortal vendría camuflada en una bandeja paisa o en una arepa, ni quién sería el audaz cocinero que envenenaría al amo de la seguridad democrática. Pero lo dijo Jojoy, y no sólo debe ser cierto sino que tiene que serlo, entre otras cosas porque por andar hurgando la vida privada de magistrados, periodistas, sindicalistas, críticos y opositores, a la inteligencia estatal se le olvidó ejercer más severos controles a los chicharrones presidenciales.

Lo último que el propio presidente Santos ha revelado, es que en el computador de Jojoy reposa también la plena prueba de que un guerrillero pidió permiso para asesinar a uno de sus hermanos. La noticia nos deja perplejos, tanto por el fratricidio, como por saber que los criminales de las Farc se volvieron tan sofisticados y hasta considerados, que ahora solicitan el visto bueno de uno de los del Secretariado para asesinar a alguien. Pero lo dijo Jojoy y frente a eso no hay duda, así nadie haya visto todavía el cadáver del supuestamente sacrificado.

Ya por fortuna el Gobierno hizo saber que entregará a los jueces los computadores, memorias USB y demás documentos que guardaba el búnker de Jojoy, para que en el templo de la justicia un funcionario sereno los analice y les atribuya el alcance que de acuerdo con la ley merezca todo este material.

Lo que no han previsto los alegres esculcadores y exprimidores de los papeles de Jojoy, es qué hará el Gobierno cuando aparezca un correo o una referencia a alguien encumbrado del régimen o del establecimiento; por ejemplo, a uno de esos prohombres que iban a hablar con la guerrilla antes, durante y después del Caguán, o de los que pagan vacunas a las Farc. Ya veremos si entonces tendremos que creerle a Jojoy. Claro, a menos que el Gobierno se haya tomado la precaución de peluquear convenientemente el tenebroso legado.

Adenda. Increíble. El “Absolvedor” Ordóñez a través de uno de sus esbirros conmina al periodista Norbey Quevedo a que le revele la fuente de la información divulgada en relación con un caso de paramilitarismo y narcotráfico.

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