Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Minería y pasivos ambientales

LAS EXTRACCIONES MINERAS DEJAN en todos los casos un impacto ambiental y social y significan siempre la desaparición de un recurso natural no renovable como patrimonio natural.

Las regalías son en términos sencillos lo que la sociedad que conforma un país recibe en compensación por la extracción y aprovechamiento por parte un tercero de los recursos mineros que le pertenecen. Adicional a las regalías, toda empresa minera debe minimizar los impactos ambientales y compensar a la sociedad por aquellos impactos negativos que no pueda evitar.

La minería debe compensar por los recursos naturales que destruye en el proceso de explotación y transporte, además de compensar por la extracción y pérdida para la región y las comunidades de los recursos naturales no renovables que extrae. Si estos costos no se compensan, parte de la rentabilidad del agente minero es por la apropiación indebida de recursos que transfiere como costos presentes y futuros a la sociedad. Esto se agrava aún más cuando el agente minero es un extranjero y no un nacional, pues los excedentes económicos no se gastan en la economía colombiana sino en el Central Park de Nueva York. En muchos casos es la sociedad local la que asume la mayor parte de los costos asociados a los efectos ambientales negativos.

Según estudio de Rudas y Canal preparado para la Cepal, el país está gastando en gestión ambiental alrededor de 1,3 billones de pesos anuales. Si todo este presupuesto se empleara sólo para recuperar el actual daño en los ecosistemas, generado en buena medida por la minería legal e ilegal, nos demoraríamos entre 15 y 40 años en recuperar este daño. Pero si a estos recursos se sumara una cuarta parte de los 6,5 billones de pesos anuales de regalías que actualmente generan la minería y los hidrocarburos, demoraríamos entre 5 y 15 años para compensar esos daños.

En el actual debate sobre regalías, el Ministerio de Ambiente propone incluir en la norma constitucional que al menos el 20% del valor de estas regalías se destine a un fondo específico para la conservación y restauración que contrarreste, al menos parcialmente, los costos ambientales de las explotaciones mineras. Esta compensación es la mínima aceptable.

Se propone que parte de las regalías debe invertirse en la formación de capital humano y por ello la inversión en ciencia y tecnología, con lo cual estoy en total acuerdo. Un buen ejemplo de invertir en la formación de capital humano es Brasil, que posee algunas de las pocas universidades clasificadas entre las primeras 500 del mundo, donde las Universidades colombianas aún no aparecen. De otra parte, Brasil posee quizá el sistema de investigación que más desarrollos tecnológicos innovadores genera en América Latina.

Brasil apunta con éxito a muchas cosas y ahora es país líder en las negociaciones internacionales por compensación a la conservación de bosque natural. Nosotros no tenemos argumentos para no buscar lo mismo. Después de Brasil, somos los segundos en términos de capital natural con el cual podemos pisar fuerte en las negociaciones internacionales asociadas a cambio climático.

La minería la debemos hacer compatible con la conservación de nuestro patrimonio natural renovable y las inversiones de las regalías jugarán un papel definitivo en este contexto. Que no nos deslumbre el oro que puede extraerse a costos ambientales mayores que el propio valor del mineral.

 

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