La Lizama: la esperanza revive tras el derrame de crudo de 2018

hace 2 horas
Por: Cecilia Orozco Tascón

Pagaremos culpas ajenas

"¡QUÉ MAL EJEMPLO DA LA CORTE Suprema a través de un magistrado como Yesid Ramírez, que tanto mal le ha hecho a Colombia!": presidente Álvaro Uribe.

El motivo que provocó esa frase rotunda, cuya gravedad se potenció por venir de quien venía, y por acusar a la corporación y a la persona (magistrado en ejercicio) que acusaba, fue la defensa irreflexiva que de Tomás Uribe hizo el Primer Mandatario, cuando la Sala Penal —no Ramírez— compulsó copias a la Fiscalía de una declaración en la que se mencionaba a Uribe Moreno. Entendemos al padre porque todos protegemos a nuestros hijos, a pesar de que uno de ellos sea un hombre de 30 y de quien se sabe que posee una gran sagacidad. Sin embargo, se infiere que el dirigente de un país hace primar, sobre su corazón, sus deberes de gobernante. Ese insulto, uno entre muchos de los que Uribe espetó contra Ramírez, fue singular porque nació de la ira y la ira, de la ignorancia de la norma: poner en conocimiento de las autoridades competentes hechos presumiblemente punibles, no es acto potestativo del servidor público, en este caso del juez, sino obligatorio. Así que quien dio mal ejemplo fue el Presidente.

Pero no nos desviemos. Hace unos días se supo que Yesid Ramírez, ahora ex magistrado, inició trámites para demandar al Estado por haber sido víctima del concierto criminal de desprestigio que ejecutaron el DAS, entidad bajo el mando presidencial, y otras oficinas oficiales contra él y sus compañeros de Sala y Corte. La época de los ataques abiertos de Uribe Vélez es la misma, en un buen trecho, en que sus agentes y asesores desplegaron los planes encubiertos. La demanda está servida, y asegurado el resultado. Por si faltara algo, el ex togado fue beneficiario de medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que ha impartido una orden similar respecto de los todavía integrantes de la Suprema María del Rosario González, Sigifredo Espinosa, Mauro Solarte, el magistrado auxiliar Iván Velásquez y el ex presidente de esa entidad César Julio Valencia. Estos cinco juristas son parte, también en calidad de víctimas, de los procesos que cursan por el espionaje urdido por el DAS, la UIAF y unos consejeros de la Casa de Nariño. De tal suerte que habrá más demandas y las indemnizaciones serán gravosas. No costará trabajo que los demandantes demuestren que sufrieron lo que se denomina “daño a la vida de relación”, que consiste en el deterioro de la imagen que la sociedad tiene de uno, y en la reducción o eliminación obligada de la vida comunitaria, sea por peligro físico o por el rechazo que el entorno social exprese por el afectado en forma de ‘matoneo’ ofensas, burlas mediáticas o imposibilidad de acceder a sitios públicos. Acostumbrémonos a la idea: pagaremos con impuestos los delirios de Uribe y de sus subalternos.

Insólito. Fabio Valencia “apela a (mi) ética y a (mi) objetividad para que verifique” una frase de mi columna anterior. El párrafo en cuestión es uno en que tangencialmente dije que él había sido “relacionado por los conspiradores del DAS” como el funcionario que, mediante infiltrados, espiaría a los congresistas. Mi afirmación nace en una publicación original de eltiempo.com del 25 de octubre, de las 22:17 horas, y reproducida en el impreso del 26 de octubre, página 4, y en varios prestigiosos sitios web. Que yo sepa, ninguno ha recibido petición de “verificación” de tal dato. El doctor Valencia desea que diga, y lo hago sin problemas, que él no era ministro en mayo de 2008, aunque no hablé de tal fecha. Valencia era poderoso consejero del Presidente y en junio asumió el ministerio. Curioso que, en cambio, no comente el tema central de mi análisis: la terna para Fiscal y sus patrocinadores políticos.

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Cecilia Orozco Tascón

El país donde ganan los malos

Y ahora, ¡un lío con Rusia!

Uribe y Granados: doble rasero, cínico rasero

La manipulación política de las víctimas

Misión cumplida: la paz en trizas