Por: Felipe Zuleta Lleras

Un país maltratador

ESTE PAÍS ESTÁ TOTALMENTE LO-co de remate, enfermizamente delirante, dolorosamente indolente. Cualquier calificativo que hagamos es poco cuando se trata de los casos de violencia que a diario, y a lo largo y ancho del país, se cometen en contra de nuestros niños.

Menores apuñalados, abaleados, violados, quemados, paleados, maltratados, asesinados. Me he puesto en la tarea de contabilizar cuál es el promedio diario de noticias en las que los informativos de televisión registran actos de violencia en contra de los niños del país: cuatro.

Dios mío, desde cuándo y por qué este país se ensañó con sus niños con ese impulso demoniaco. Un médico cercano a mis afectos me relata que cada vez que hace turno en medicina legal en un municipio cercano a Bogotá recibe, en un turno, hasta tres menores violados por cada jornada. Y eso, refiere con profunda tristeza, cuando el turno está “suave”.

Pero lo más grave es que no pasa nada. La Fiscalía no alcanza a judicializar todos esos casos, dejando a los menores expuestos a nuevas agresiones que, en la mayoría de los casos, provienen de sus parientes y amigos más cercanos.

Este tema de violencia intrafamiliar es más un reflejo de la ineficiencia del ICBF que de más policías en las calles. Y por supuesto de penas ejemplares que no se están imponiendo por parte de la justicia.

Con dolor debemos registrar y rechazar el caso de los tres niños de Tame perpetrado por miembros de nuestras Fuerzas Militares; sí, las mismas que están instituidas para garantizar la vida de los colombianos. Es claro que los comandantes han tomado decisiones administrativas, pero les confieso que me temo que esos crímenes quedarán en la impunidad como la que vemos —asombrados— con los casos de los 14 muchachos de Soacha en donde, por cuenta de las argucias de la defensa, no ha habido una sola condena.

Y recuerden ustedes que en ese caso, cuando los medios hicieron las correspondientes denuncias, el presidente Uribe y su ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, destituyeron a 17 altos oficiales para blindarse. Hasta hoy ninguno ha sido judicializado y los culpables no han sido castigados. ¿Les suena familiar la escena? En lo que de mí depende en este último caso de los jóvenes de Soacha, llevaremos a las madres a que presenten el caso de sus hijos ante los estrados internacionales. Sí, vamos por usted, Sr. Álvaro Uribe, y llevaremos estos casos hasta las últimas consecuencias, hasta ver presos a los autores intelectuales y materiales. Espero que otros colegas se solidaricen con el padre de los niños de Tame para que este caso tampoco quede en la impunidad.

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Notícula. No comparto las críticas de mi amiga María Jimena Duzán en contra del general Óscar Naranjo por haber recibido un homenaje de la DEA, que es simbólico y en ningún caso haber aceptado un puesto de gobierno extranjero. En buena hora por Naranjo, cuya labor, en uno de los países más violentos del mundo, es sin lugar a dudas valerosa.

 

 

Twitter @fzuletalleras

 

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