Apagón en Venezuela: el país está en riesgo de quedarse un mes sin luz

hace 6 horas
Por: Cecilia Orozco Tascón

Identificar a los del bloqueo

UNA COSA ES TENER OBJECIONES DE conciencia y, otra, aprovechar la revoltura del río para pescar beneficios para sí o para la cuerda de los amigos.

Claramente, en la Corte Suprema se distingue la línea de magistrados que sacrifican hasta la tranquilidad por defender sus principios, de la otra, la de los cínicos que acomodan sus decisiones a sus ambiciones. Éstos últimos creen que pueden camuflarse porque cuentan con el favor de poderosos señores. Sí, a pesar de ser servidores públicos, están convencidos de que no tienen que rendir cuentas porque no traspasan la raya de la ley y sólo corren la de la ética. Tal vez piensan que como no son funcionarios del Ejecutivo (aunque se sienten de la parentela ex presidencial), ni congresistas (pero se mezclan con éstos y les aceptan invitaciones a sus fastuosas bodas familiares), no serán sujetos de la crítica ciudadana.

Si de algo puede preciarse la cúpula del gobierno anterior es del éxito que obtuvo infiltrando agentes de inteligencia del Estado a esa corporación. Sin embargo, debería estar muy satisfecha de la división que logró sembrar en el alto tribunal con otro plan más sofisticado que el burdo espionaje: el de las lisonjas privadas, los puestos para esposas e hijos en órganos oficiales, o la de futuro asegurado para los togados que todavía estarán en ‘edad de merecer’ cargos de gran remuneración, cuando les llegue la fecha de retiro de la Corte. Lo descrito arriba es verdad reconocida. Por eso, el que diga que la Suprema “se dividió”, incurre en inexactitud: la dividieron desde la rama ejecutiva. Por supuesto, en ese juego perverso son tan despreciables los que pecan por lo que les pagarán, como los que pagan para que los otros pequen.

¡Año y medio de interinidad!, claman descaradamente desde los micrófonos de las emisoras quienes desquiciaron el orden institucional en Colombia. Ellos y su líder, hoy en la penumbra, aúpan a los regalados de toga que antes estaban afanados por elegir al más amistoso, para que ahora bloqueen la terna de Fiscal General que envió el Presidente en ejercicio. Discuten con sofismas jurídicos, si “el acto administrativo” de poner nuevos nombres es legal, o si hay “un sexteto y no una terna”. ¡Qué falta de dignidad de los que deberían darse ya por renunciados! ¿Entendí mal o la Constitución indica que es el Jefe de Estado, y únicamente éste, el que tiene la facultad de integrar la terna? Poco les preocupa a los del bloqueo descalificar a los aspirantes actuales con análisis objetivos. Por ejemplo, ¿estos postulados son también subalternos del Mandatario, como ocurría con la primera terna uribista? ¿Son sospechosos de haber sido incluidos en el grupo por contaminante patrocinio político, como la segunda? De qué podríamos extrañarnos si la moral pública es lo que menos les importa. Van al grano de sus intereses particulares. Esta es la razón para que no discurran sobre cuán superiores son en trayectoria profesional y personal los juristas que incluyó Santos. Podrá argumentarse que Juan Carlos Esguerra, Carlos Gustavo Arrieta y Vivian Morales tienen inclinación samperista, pese a que la veracidad de esa afirmación es debatible. Podrá señalarse que los tres son más cercanos que lejanos a Uribe, lo cual tiene indicios de ser cierto. Lo que no podrá asegurarse es que sucumbirían ante Uribe, Samper o Santos. Esto es suficiente para elegir al más independiente. Ningún demócrata real quisiera que se repitiera en la Fiscalía, pero del lado contrario, la dosis ordoñista. Lo sano es un Fiscal imparcial, autónomo, equilibrado y punto. El bloqueo no ha sido ni es de los magistrados que se ponen en riesgo por su conciencia. Es de los del bando contrario, los que le vendieron su alma al diablo. Ya los identificaremos.

 

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