Por: Ramiro Bejarano Guzmán

La pieza que faltaba

SE REVENTÓ OTRO INTEGRANTE DE la cúpula del DAS que ejecutó la guerra sucia, esta vez para revelar que a través de la "valija" llevaban con sigilo a todos los hombres de la "Casa de Nari" la información obtenida sin orden judicial.

Cada vez resulta más difícil pensar que Uribe no supo nada, así él y sus amigos se empeñen en tergiversar el alcance de testimonios, como el que rindió Martha Leal, quien no lo exoneró, como salieron a pregonarlo por twitter y en los medios.

Si me ocupo de esa nueva confesión es porque confirma lo que denuncié en esta misma columna, el 22 de agosto de 2009, bajo el título “Yo acuso” (http://www.elespectador.com/columna157379-yo-acuso), acerca de la campaña de desprestigio orquestada en mi contra por el gobierno de Uribe.

Según el ex funcionario que reveló lo de la “valija”, en febrero de 2009,  Jaime Polanco, entonces asesor y hoy sub director del DAS, andaba pidiendo mi hoja de vida en las oficinas de inteligencia “porque la necesitaba el director, y preguntó si había alguna información de las ‘chuzadas’ a la embajada norteamericana en el gobierno de Samper, porque según él, Bejarano tenía algo que ver ahí y también con la fuga de un extraditable de las instalaciones del DAS”. Esto ocurrió en febrero de 2009, apenas llegado a la dirección del DAS Felipe Muñoz, quien con el paso de los días ha hecho todo para convertirse en un temido personaje.

El 15 de mayo de 2009 me vi precisado a enviarle una petición a Felipe Muñoz, solicitándole me informara si “usted adelanta pesquisas y averiguaciones con funcionarios del DAS de la época en que fui Director, o con ex funcionarios de entonces o se ha reunido con alguno de ellos, con el propósito de obtener información sobre mis actuaciones como Director de la Institución entre el 24 de agosto de 1994 y el 17 de enero de 1996”. Tal solicitud la presenté porque como columnista fui advertido de que alguien andaba hurgando papeles con el propósito de enlodarme. La respuesta de Muñoz  vino unos días después, en la que si bien negó estar persiguiéndome, en todo caso sostuvo que “decidí con el ánimo de conocer el comportamiento de otras crisis similares, solicitar información a las diferentes dependencias de la entidad”.

 A juzgar por lo que siguió, las indagaciones que en febrero de 2009 adelantaba el DAS sobre este columnista no quedaron en simples averiguaciones. En efecto, tres días después de que solicité  a Muñoz se pronunciara sobre mi petición de información, el 18 de mayo de 2009, el entonces vicepresidente Francisco Santos dio una declaración en la que intentaba ponerme en entredicho por las grabaciones ilegales al director de la DEA en 1995. A ese mezquino intentó respondí demostrando que el responsable de esas grabaciones había sido un lugarteniente del Cartel de Cali, capturado oportunamente por el general Serrano.

 El nuevo testigo de la cúpula del DAS nos ha revelado que la “valija” no sólo llegaba a Palacio, sino a varios medios para concretar el linchamiento moral. Ahora comprendo por qué recientemente la conciencia siempre alquilada de Alfredo Rangel, en su tediosa columna, aseveró irresponsablemente que en los últimos 30 años “casi” todos los directores del DAS habían chuzado ilegalmente, lanzando un manto de duda indiscriminado, como todo lo de él: canalla y bellaco.

En mayo de 2009 Felipe Muñoz negó estar husmeando mi vida, pero ahora un testigo de excepción revela lo que faltaba: él y Jaime Polanco, actual Subdirector del DAS, desde enero de 2009 eran quienes andaban levantando infamias en mi contra. Lo que nadie entiende es por qué tan aviesos individuos siguen libres y en sus cargos, después de las confesiones de Tabares, Lagos, Leal, Romero, Sierra, Mata Hari, etc. ¿Quién está interesado en mantenerlos y por qué?

Adenda. Es una lástima que la precaria mayoría de la Corte Constitucional, por problemas de forma, no haya aprobado el matrimonio gay. Hay que intentarlo de nuevo. Y es un peligro que el Partido Conservador pretenda imponernos una reforma constitucional prohibiendo el aborto. ¿Dónde están los demás partidos?

 

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