Por: Rodrigo Lara

¿Más regalos tributarios?

LA LEY DE FORMALIZACIÓN Y PRImer empleo que radicó el Gobierno en el Congreso es interesante porque asume que los altos impuestos a la nómina frenan la creación de empleo formal, lo que para muchos llevó a Colombia a ser el país de América Latina con las más altas tasas de informalidad laboral y de desempleo.

Esto, en sí, es un avance importante frente al gobierno Uribe, defensor de la parafiscalidad y baluarte de las cajas de compensación familiar.

Sin embargo, el proyecto no elimina impuestos a la nómina; su enfoque consiste en eximir a las empresas que contraten jóvenes hasta los 25 años, del costo de los parafiscales en su liquidación del impuesto de renta. En otras palabras, el Estado les regala a estas empresas en el pago de la renta los puntos de la nómina que le cuesta el pago de algunos impuestos al trabajo (Sena, ICBF, cajas de compensación).

Forzoso es entender que se sigue con la misma lógica del gobierno anterior en materia de exenciones de impuestos (regalos tributarios), sólo que ahora tienen un enfoque más noble porque se hacen no sobre las utilidades de la empresa, sino sobre el pago de impuestos al trabajo y la respectiva generación de empleo.

La vía laboral es el camino que adoptó el país para financiar la seguridad social de los trabajadores. Los impuestos a la nómina, bajo la forma de prestaciones sociales y aportes parafiscales, financian hoy como costos no salariales (CNS) el sistema de salud, las pensiones, las cajas de compensación familiar, el Sena, el ICBF, el sistema de cesantías y el seguro de accidentes. El costo de estos impuestos a la nómina se eleva al 48,9% de un salario mínimo, del cual corresponde al empleador pagar 39,1% y al empleado el 9,8%.

Según un interesante estudio de los profesores Kuegler (1998), impuestos a la nómina del orden del 40% a cargo del empleador, hacen que en Colombia sea más caro generar empleo que en muchos países del mundo. En Europa, los países con los costos no salariales más altos llegan a niveles del 30%, mientras que en el Reino Unido y en Estados Unidos esos impuestos oscilan entre el 15% y el 20%. En América Latina el promedio de estos impuestos es similar al europeo, y solamente en Uruguay y en Argentina se llega a niveles del 40%, semejantes al de Colombia, con la salvedad de que en estos dos países esas cargas impositivas financian también seguros de desempleo.

Revisar el costo de los impuestos al trabajo no significa que nos quiten a los trabajadores la salud o las pensiones, ni eliminar el Sena o el ICBF como a veces se alega para estigmatizar el debate. Es simplemente pensar en la pertinencia de pagar políticas de Estado (ICBF, SENA) con cargo a la generación de empleo y en la utilidad para el país de anacrónicas y costosísimas figuras (4 puntos de la nómina) como son las cajas de compensación familiar.

@Rodrigo_lara_

 

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