Por: Eduardo Sarmiento

Las locomotoras

Entre las locomotoras del plan de desarrollo insinuadas por el Gobierno se destacan la agricultura y la infraestructura, pero brilla por su ausencia la educación.

Los tres sectores han recibido prioridad en los planes de desarrollo de los últimos veinte años y, en cierta forma, han fracasado.

De tiempo atrás el sector agrícola ha sido guiado por criterios de oferta. La apertura comercial se justificó como una forma de que el sector se especializara en las actividades de mayor productividad relativa y significó el desplazamiento de la agricultura de cereales que tiene la mayor demanda mundial. Luego, los programas de fomento de los distintos gobiernos han girado en torno al financiamiento bancario; los recursos se destinan hacia los productores más eficaces y prósperos, y los proyectos de mayor potencial de productividad. Al cabo de veinte años se encuentra que el área agrícola cayó 25%, la productividad agrícola se ha mantenido prácticamente estancada, la pobreza rural asciende a 65% y la producción crece por debajo de la población.

Los hechos se encargaron de confirmar que el sector opera con deficiencia de demanda efectiva. En múltiples actividades los aumentos de la productividad dan lugar a descensos de los precios más proporcionales que las torna no rentables.

La educación se ha visto como un problema pedagógico y de atención a los estudiantes. Si bien ambos aspectos son necesarios, en las investigaciones se encuentra que el principal factor de desempeño escolar es la formación de la madre, la tradición cultural y el medio ambiente. Los bajos desempeños en los exámenes nacionales (Saber Pro) e internacionales (Pisa) no están en la carencia de estudiantes de alta calificación, sino en el bajo nivel de la mayoría.

La estructura discriminatoria conduce a que los beneficios de la tradición familiar y el medio social se concentren en los estudiantes de estratos altos.

El sector vial ha sido guiado por la creencia de que las licitaciones que asignan el proyecto al mejor postor garantizan su realización en las condiciones más convenientes. Las cosas son muy distintas en la realidad por la información asimétrica que caracteriza al sector. Los constructores tienen mejor información sobre el proyecto que las autoridades oficiales y los interventores. En consecuencia, adquieren un claro poder monopólico que les permite obtener las licitaciones a un valor y entregar lo que les reporta la máxima ganancia.

Los proyectos viales cuestan dos veces más del valor que sirvió para adjudicarlos y se demoran otro tanto en la entrega, relegando a Colombia entre los países con menores kilómetros por habitante.

A nadie se le escapa que la agricultura, la educación y la infraestructura física no lograron los propósitos buscados. Pero no siempre se reconoce que los fracasos se originaron en diagnósticos inspirados en el libre mercado y que su mantenimiento conduciría a replicarlos. La rectificación de los errores y el cambio de rumbo requiere la presencia del Estado para crear una gran empresa agrícola oficial, tipo Embrapa en Brasil, para seleccionar y promover las actividades con mayores posibilidades de demanda, avanzar en un sistema educativo integrado en que los estudiantes de distintos estratos asisten a las mismas dependencias, y establecer una junta autónoma que asigne los proyectos de infraestructura y asegure el cumplimiento de los compromisos.

 

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