Por: Lorenzo Madrigal

El asilo, inesperado y concluyente

ME REÍ CON LOS ACTORES DE UNA telenovela, reforzada e inverosímil, con la que tropezaba casi todas las noches.

Su absurda trama llevó a que nadie era hijo de nadie, sino de otro, y la protagonista, en el clímax del drama, se atacó de la risa. Diría que eso no estaba en el libreto.

Como no estaba en el libreto que la ex directora del DAS, doña María del Pilar, que se veía tan comprometida con las interceptaciones y seguimientos que hizo el pasado gobierno, se halló en Panamá, donde solicitó asilo territorial y de inmediato le fue concedido.

A salvo quedó la señora Hurtado de un carcelazo posible y dejó con un palmo de narices a sus inquisidores, que no son sólo los jueces, sino los profanos de la calle. No me incluyo, porque los hechos son graves, pero veo que ella no ha sido condenada, salvo disciplinariamente, y, sobre todo, detesto que alguien vaya a la cárcel. Es una fobia personal.

Es el asilo la institución que más admiro en el derecho público. Contiene en su apariencia de escapatoria y de ponerse a salvo desde la otra orilla, todo un sentido paradojal de la Justicia.

Se otorga el asilo exclusivamente por delitos políticos (no entra en consideración quién sea la víctima o quién el victimario), aunque siempre dirán los gobiernos interesados que el reo escapa y que es responsable de delitos comunes. Y no se niega que éstos puedan coexistir. Pero, mirada la intención, es ella la que puede ser política, bien en el sindicado o bien en el juzgador o carcelero, al castigar el hecho delictuoso.

En el sonado y ejemplarizante caso Haya de la Torre, la dictadura de Odría, del Perú, acusaba al líder por delitos comunes, como pretexto para reducirlo a prisión. Colombia, como se sabe, lo acogió durante cinco años en asilo diplomático en nuestra embajada en Lima, a cargo entonces de Carlos Echeverri Cortés.

Lo ocurrido en el DAS colombiano, el fisgoneo indebido, selectivo y criminal, con origen en la casa presidencial, tenía a todas luces una intención política: salvar la faz del gobierno y desacreditar a sus opositores.

Que la directora del Departamento de Inteligencia, adscrito a la Presidencia, resuelva asilarse y que un país serio y amigo acoja su pretensión, apareja sus actuaciones con una política de Estado. Obtener tan de inmediato el asilo territorial hace pensar, además, en acuerdos bajo la mesa entre el pasado régimen de Colombia, al que el DAS protegía muy de cerca, y altos funcionarios del Estado asilante.

El precipitado refugio y su convalidación son concluyentes acerca de que el entuerto sí era y es de naturaleza política y por ende susceptible de asilo. Este desenlace inesperado complementa cualquier confesión de la ex directora y deja a la luz el engranaje completo. Hay algo más que decir risueñamente: ¡Se escapó, se escapó!

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