Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Ojo al Joe

EL ÉXITO SIN PRECEDENTES DE Amor sincero, autobiografía novelada de la cantautora Marbelle, marca el comienzo de una oleada de producciones que llevarán a la pantalla las vidas de los héroes populares colombianos. La siguiente en la lista es la historia de Álvaro José Arroyo, El Joe.


Me preocupan varias cosas sobre esta telenovela. El thriller de superación personal de Marbelle tocó problemáticas como la movilidad social o el maltrato intrafamiliar, que, pese a su complejidad, ya habían sido abordados por la televisión colombiana. La vida del Joe, en cambio, sería la puerta de entrada a temas completamente inexplorados, como el del racismo nacional (solapado y explícito) o el del Caribe en tanto que territorio de segregaciones e inequidades.

Temo, por supuesto, que la vida de mi ídolo musical sea caricaturizada, si no ridiculizada. Que con chistes flojos y lugares comunes la telenovela se convierta en instrumento de estigmatización de la población negra. Que descuide los matices del personaje —sus recaídas y resurrecciones— y legitime estereotipos de los afrocolombianos como mujeriegos, alegres, perezosos, bailarines y pachangueros perennes. Que cuente, pues, una historia folclórica que pase por alto la faceta de compositor y noctámbulo atormentado.

Mis miedos no son gratuitos. Machistas melodramas como Tierra de cantores o Chepe Fortuna muestran diariamente a los costeños como ridículos payasos en una reedición perpetua y desmejorada de Escalona. En la historia nacional sólo ha habido dos telenovelas protagonizadas por afrodescendientes y ambas salieron del aire tras pocos capítulos. Y está ahí, cómo olvidarla, La pezuña del Diablo, en donde actores blancos acudieron al betún para representar esclavos.

El realizador de El Joe, para terminar, es el mismo que eliminó a los personajes afrodescendientes de la versión colombiana de Grey’s Anatomy. Al ser confrontado por ello respondió que no era su culpa que en el país no hubiese “presencia de la raza negra en el mundo médico” y prometió, entonces, incluirlos en historias más adecuadas para ellos. Como esta, “de la salsa”.

Ñapa: Que alguien le explique urgentemente a Alberto Casas por qué Laureano Gómez no está entre los mejores presidentes de la historia.

 

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