Por: Eduardo Sarmiento

Recuperación es lenta e inequitativa

En septiembre la industria creció 2,7% y las ventas del comercio 18%, lo cual revela que la producción no guarda relación con el consumo ni con las importaciones.

Si adicionalmente se tiene en cuenta que el aumento del empleo está representado por trabajadores informales de baja remuneración y que las ventas de alimentos y bebidas crecen 3% y las de automóviles y electrodomésticos 70%, surgen serias dudas sobre el perfil de la economía. La producción avanza lentamente, no genera empleo formal y amplía las desigualdades.

Los resultados contrastan con las predicciones oficiales del Ministerio de Hacienda y Planeación Nacional, que hasta hace poco anticipaban un crecimiento de 6% para el final del año. Sin mayor análisis, dieron por hecho que la reactivación de la economía que se presentó en el último trimestre de 2009 y primero de 2010 continuaría en forma sostenida. No advirtieron que se trataba de una recuperación mundial inducida por la valorización de activos y por los estímulos fiscales que operan por una sola vez. Tal como se anticipó en esta columna, en el segundo y tercer trimestre se presentaron descensos importantes en la actividad de los Estados Unidos y Europa que repercutieron en la economía mundial. El comercio global descendió drásticamente en el tercer trimestre.

El país no es inmune a este tipo de situaciones. La economía colombiana es altamente dependiente de Estados Unidos y el cierre del mercado venezolano ha reducido el acceso de los bienes manufacturados. En el tercer trimestre la producción industrial creció a la mitad de los trimestres anteriores y el producto nacional cerca de 4%.

La política macroeconómica se calibró mal desde el principio y nunca se rectificó. El sector externo, es decir la producción de bienes transables, estaba expuesto a una fuerte contracción por la revaluación y la recaída de la economía mundial. Al final, contribuyó a una disminución del producto de 2,5% en relación con el año anterior.

Así las cosas, el aumento del crédito al sector privado y del déficit fiscal eran insuficientes para contrarrestar este efecto y colocar la economía en la tendencia histórica. No había margen para un crecimiento en 2010 de más de 4%.

Curiosamente, las autoridades económicas no han logrado incorporar las condiciones externas en el funcionamiento interno ni maniobrar una economía que sale de una recesión con deficiencia de demanda efectiva. Se mantienen dentro del criterio de inflación objetivo, en el cual la política monetaria se orienta a estimular la producción y la política fiscal a contener la revaluación. El expediente es inadecuado en un mundo de tasa de interés cero y abundancia de dólares. Tanto la devaluación como el déficit fiscal resultan insuficientes para asegurar la estabilidad y el crecimiento y, aun más grave, inducen un perfil de desarrollo inequitativo e insostenible.

Por el contrario, lo que se plantea es orientar la política monetaria a elevar el tipo de cambio y la política fiscal a regular la producción. En términos más concretos, intervenir abiertamente el mercado cambiario para obtener un tipo de cambio predeterminado y dirigir el déficit fiscal hasta alcanzar la plena capacidad. En lugar de limitar las metas en forma excluyente a la inflación, convendría extenderlas al tipo de cambio, el crecimiento del producto y el empleo formal.

 

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