Por: María Antonieta Solórzano

¿Competir o cooperar?

Aunque nos han enseñado que la vida es una lucha por la supervivencia del más fuerte, todo lo que vale la pena conservar y recordar ha ocurrido de otra manera: a partir de los que piensan que la vida es una oportunidad para aprender y servir a  otros.

Elegir una creencia o la otra establecerá nuestro estilo de convivencia familiar y social, y creará los estados mentales consecuentes con ese estilo. Luchar o servir parece ser el dilema frente al cual estamos. Basta con dar una ojeada a nuestra historia para notar cómo los que eligen luchar tendrán que pensar que es legítimo dividir el mundo entre los que están conmigo y los que están contra mí.

En las familias, hijos y familiares se ven condenados a vivir en escenarios donde cada diferencia define quién será amado y quién rechazado. Y, en la nación, conflictos internos o guerras se suceden interminablemente. Pero ellos se relatan a sí mismos como si fueran salvadores.

Aunque desde esta perspectiva los conflictos se resuelven eliminando al adversario, el desarrollo de la diversidad y de la autonomía se hace imposible dado que la lealtad se confunde con complacencia. Ellos no ven en sus acciones peligro para sus protegidos y menos notan lo destructivo de su estado mental.

Por fortuna hay quienes han hecho otra elección y sirven a los otros. Éstos piensan que la creación de oportunidades de libertad para los demás es un valor fundamental en la convivencia y actúan desde la confianza y la generosidad, afectando la vida de los que los rodean. Así sucedió en el sur de Bogotá, donde funciona el Liceo Campo David que, según el Icfes, es el mejor colegio de la capital.

Este resultado fue posible gracias al trabajo entre estudiantes y maestros. Allí, los profesores piensan que la educación es el camino para la transformación de la sociedad y se ponen al servicio de las necesidades de aprendizaje de los alumnos y no de sus egos.

Es notable lo que ocurre al elegir servir y es cotidiano lo que ocurre al elegir luchar. Tal vez por eso hemos llegado a creer que lo natural es competir en lugar de cooperar. Sin embargo, cuando la mente está abierta y la voluntad dispuesta, aparecen las herramientas para que abandonemos la envidia y la venganza y nos identifiquemos con la cooperación, la confianza y la dignidad para que todos nuestros hijos reconozcan que cada ser humano es una oportunidad para servir y amar.

 

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