Por: Alfredo Molano Bravo

Serranía de los Cobardes

MUY CERCA DE LA ROCHELA, DONDE el llamado Mas, en complicidad con el general en retiro Faruk Yanine otro Pacificador,  asesinó a una comisión de jueces, parte una carretera destapada que lleva a la Serranía de los Cobardes o de Yariguíes. Los primeros 15 kilómetros son planos: cercas eléctricas, saladeros de aluminio, pastos braquiaria y, por supuesto, vacas y vacas. Al fondo, el río Opón.

Hace un par de años, tres o cuatro personajes comenzaron a comprar con la  consagrada fórmula me vende Ud. o le compro a la viuda, predios a campesinos pequeños y medianos, antiguos colonos que conocieron —y muchos vivieron— toda la sangre que ha corrido por el Magdalena Medio. Se sospecha, con fundada razón, que el comprador es uno solo, y que ha añadido una tras otra tres veredas completas hasta hacer una gran hacienda que por ahora tiene 2.000 hectáreas.

Lo mismo sucede en el norte de la Serranía, hacia El Carmen; hacia el sur, hacia Landázuri, y hacia el oriente, hacia la hoya del río Suárez. Es decir,  a lo largo de los caminos que cruzan el pequeño macizo y que en la década del 50 fueron abiertos o rectificados por Rafael Rangel, guerrillero liberal, jefe de la Comuna de Barranca con que el pueblo del puerto respondió el asesinato de Gaitán. No muchos años después, en 1964, el Eln se tomó  Simacota  declarando una guerra sin tregua al Estado.

Los campesinos le abrieron las puertas y lo apoyaron con pocas reservas. Después llegaron las Farc y a las buenas o a las malas sacaron al Eln de su cuna y lo empujaron hacia la Serranía de San Lucas, al otro lado del río Magdalena. Los campesinos aceptan sin mucho entusiasmo la sustitución del mando. Eran los días en que Braulio Herrera —ex senador de la Unión Patriótica llegó del Secretariado a imponer orden también en las filas de los rebeldes.

 Las Farc cobraban impuestos de guerra, reclutaban jóvenes y prometían limpiar la zona de malevos. Lo hacían a costa de alimentar frustraciones y resentimientos. Resentimientos que un día terminaron por organizarse en un grupo armado que les dio cara: ocho guerrilleros muertos. Al Ejercito nacional se le abrió la hendija que buscaban y fundaron una escuela paramilitar en San Juan Bosco La Verde que enviaría hombres a El Carmen y San Vicente para colaborar con el proyecto del general Bedoya y a Puerto Boyacá y Puerto Berrío para colaborar con el general Yanine.

Cuando se organizan las Autodefensas del Magdalena Medio, los cuadros de  La Verde se convierten en grupos de elite y se crea otra base paramilitar del mismo estilo en Campo Capote. Entre 1982 y 86 hubo en la toda región, que ya dominaban los paras, 386 asesinatos, 83 desaparecidos y 142 torturados, la gran mayoría campesinos.  A mediados de los años noventa,  el Bloque Bolívar de Macaco et al sacó a las autodefensas y su comandante, un tal Nicolás, cargó sus armas en un camión llevando sobre ellas muestras de carbón para despistar a las autoridades y seducir a las carboneras.

Hoy muchos reinsertados del Bloque Bolívar continúan asegurando la zona donde la Fuerza Pública ejerce plena soberanía. Grandes multinacionales del carbón como Riotinto y Centromin iniciaron la explotación en El Carmen, proyectan hacerlo en Landázuri y exploran de pé a pá el resto de la serranía que es, en realidad, una gran mina que yace en las entrañas de los Cobardes. Las trochas se convertirán en vías anchas y encementadas para sacar el carbón. Entonces, los terratenientes que hoy compran a dos manos —o a tres— pondrán el precio que quieran a sus extensas propiedades obtenidas con los dineros que el Bloque Bolívar ayudó a capitalizar con al comercio de la cocaína.

 

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