Por: Manuel Drezner

La muerte de Pinter

El año pasado terminó mal para la cultura teatral con el anuncio de la muerte de Harold Pinter, uno de los grandes dramaturgos del siglo XX.

Hay que recordar que Antonio Montaña introdujo a Pinter a Colombia, cuando éste no era tan conocido, pero las obras que presentó Montaña sirvieron para dar a conocer entre nosotros al gran hombre de teatro, que posteriormente ganaría el Nobel, así como prácticamente todo premio internacional importante a la obra de un hombre de letras.

La influencia de Pinter, junto con la de su mentor Beckett, es aún discutida ya que sus obras, llenas de claustrofobia, de ambigüedades que nacen de la imposibilidad de sus personajes de comunicarse entre sí, si bien son un reflejo adecuado del hombre contemporáneo, son claramente fruto de una forma única de pensar, que es difícil de imitar. Pero independientemente de su influencia, es claro que en sus piezas teatrales Pinter, con ese lenguaje personal que lo caracterizó, creó unos argumentos y unos personajes que son parte de la vida real y que lo convierten en uno de los grandes hombres de teatro de la historia.

Pinter en sus últimos años decidió abandonar el teatro y dedicarse a la política y a la poesía. Se recuerda la anécdota de su invitación a un homenaje a Arthur Miller, otro gran artista, en la embajada estadounidense en Turquía. Pinter expresó tan claramente sus opiniones pacifistas, que los anfitriones decidieron pedirle que se fuera y lo hizo, seguido de Miller, que se solidarizó con su colega. Pinter decía que ése había sido uno de los momentos de su vida que más lo habían llenado de orgullo. Lo malo es que los artistas no siempre aciertan cuando se meten en los campos de la política y muchas de las cruzadas que el hombre lanzó, a pesar de su verbosidad, reflejan algo que no es justo ni lógico, pero eso no impide que su labor artística no sea señalada como ejemplar y que sus obras se consideren entre las más destacadas de toda la historia del teatro.

La misma historia personal de Pinter, descendiente de inmigrantes judíos polacos, que a pesar de las limitaciones de su estado socio-económico, que en algunos casos le crearon grandes opositores, pero que escaló todas las señales de prestigio, que incluyeron ser nombrado caballero por la Reina de Inglaterra, aparte de ganar el Nobel, esa biografía suya podría dar margen a una interesante obra de teatro. Pinter se abstuvo de reflejar su vida personal y prefirió que sus obras fueran un reflejo de la humanidad, como usualmente son todas las creaciones de arte que valen la pena.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Manuel Drezner

¿Sí fomentarán la economía naranja?

Maisky con la Filarmónica

Lucha de clases en ballet y solistas venecianos

“Florencia en el Amazonas”

La programación del Santo Domingo