La Bogotá soñada e imaginada

Nunca había sentido a Bogotá tan disfuncional como el último mes: nuevas obras de Transmilenio, busetas moviéndose por calles muy transitadas, restauración de estatuas, repavimentación de vías, etc.

Esta semana en la Universidad Nacional se reunirán escritores y pensadores llegados de distintas partes del mundo para la primera conferencia del proyecto Imaginarios Urbanos. ¿Y qué van a encontrar de la Bogotá que hizo avances al cambiar los sujetos que controlaban la ciudad, innovando con poca plata y mucha visión?

Avanzando por la 26 verán un ciudad pálida, llena de “no lugares”, para usar el término de sociólogo francés Marc Auge; primero, una muestra arqueológica en que se ven las varias etapas de planeación urbana: palmas que parecen perdidas en nuestro clima, el inmenso centro de comercio moderno que inexplicadamente tiene semejanza a una fábrica deprimente rodeado por lotes vacíos, edificios de empresas autosuficientes y en la distancia ese obelisco setentero, Colpatria, tal vez con unos monumentos bajo construcción, paredes pintadas en tonos cafés y grises, ah, y el humo de las busetas que siguen perteneciendo a la séptima.

Según Dante, el Inferno es una ciudad (que nos pide abandonar nuestras esperanzas). El infierno no tiene plazas, ni calles, ni iglesias, o ningún otro objeto que en aquella época se hubiera considerado como algo urbano. Entonces, ¿por qué es una ciudad? Porque una ciudad es un diseño, un espacio compartido, construido por redes de interés, y para el mundo de Dante, es una orden divina.

En Ciudades invisibles, de Italo Calvino (que comparte la estructura de Inferno: 99 círculos, una justicia interna, etc.), Marco Polo llega a Octavia, una ciudad construida en un hilo sobre un abismo. La fundación de la ciudad se hace sobre una red y por eso en vez de construir desde abajo para arriba, cuelgan todo. Marco Polo explica: “Suspendido sobre el abismo, la vida de los habitantes de Octavia es más incierta que en otras ciudades. Ellos saben que la red solamente puede aguantar por cierto tiempo”.

Voy a la apertura de ese proyecto en la Nacional el jueves con la esperanza de que algún semiótico, en el tono de un médico, me pueda explicar por qué esta Bogotá imaginada se ve tan caída y triste.

 Jesse Tangen-Mills. Bogotá.

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