Por: Eduardo Sarmiento

Recesión y encrucijada cambiaria

La crisis es producto de un desbalance por un exceso de ahorro sobre inversión.

En 2008 la revaluación y, más tarde, la elevación de la tasa de interés y la represión fiscal provocaron el desplome de la economía de 7,5% a cero en nueve meses, la sumieron en recesión en noviembre. La tendencia se verá acentuada en el presente año por la propagación de la crisis mundial que tendrá sus repercusiones más graves por la vía de la balanza de pagos.

A estas alturas las autoridades estadounidenses no han avanzado en reconocer las causas de la crisis. Las manifestaciones iniciales de las hipotecas subprime y las pérdidas de los bancos las llevaron a presumir que los sobresaltos eran una simple ruptura de la burbuja financiera que aumentaba la demanda de dinero y causaba pérdidas en los bancos. Así, la Reserva Federal (FED) y la Secretaría del Tesoro orientaron sus baterías para bajar la tasa de interés a cero, crear toda clase de condiciones favorables para ampliar los préstamos y ofrecer generosos rescates a los bancos.

La política no logró los resultados previstos. Las enormes emisiones y el déficit fiscal no se han reflejado en la expansión del crédito ni en los agregados monetarios.

Los hechos se encargaron de demostrar que la crisis es el producto de un monumental desbalance externo que provoca un exceso de ahorro sobre la inversión. El crédito no entra a la economía por la obstrucción o la omisión de los bancos sino por negativa del público a recibirlo.

Lo más grave es que la orgía financiera provocó una rápida baja de la tasa de interés y una congestión de liquidez que violó las reglas de sistema mundial de cambio flexible. En la práctica significó una abierta intervención en el mercado que frenó los ingresos de capitales que venían de Asia. Los países con superávit en las balanzas de pagos dejaron de enviar los recursos para que los países deficitarios adquirieran sus productos. Las balanzas de pagos se cerraron a la fuerza y el exceso de ahorro de Estados Unidos se trasladó al resto del mundo.

La crisis ha adquirido la forma de un estado generalizado de excesos de ahorro y cierre de los mercados que se refuerzan y propagan. En el fondo, los dos elementos centrales del funcionamiento del capitalismo, los flujos financieros y los intercambios comerciales, desaparecieron. El déficit en cuenta corriente de los Estados Unidos se redujo en la tercera parte en tres meses. Los países asiáticos, los inventores del milagro exportador, registran caídas de más de 50% en las ventas externas. Los países grandes de América Latina, que durante cinco años operaron con excedentes cambiarios, en cuatro meses pasaron a operar en déficit.

Si por allá llueve, por aquí no escampa. En los círculos influyentes no se ha logrado entender la naturaleza de la crisis mundial ni de la recesión colombiana. Los grupos selectos de estudios (según encuesta del Emisor), el Banco de la República y el Ministerio de Hacienda anticiparon al principio del año un crecimiento entre 2% y 3%, y todos los augurios quedaron descalificados antes de divulgarse.

El estado de Colombia es especialmente complejo, porque viene de una revaluación que propicia una expansión considerable de las importaciones y entradas de capitales que están saliendo despavoridos. El déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos ascendió a 4,0% del PIB al final de 2008 con visos de aumentar y las reservas internacionales caen a razón de US$400 millones mensuales. La economía se dirige a pasos agigantados a una encrucijada cambiaria de difícil retorno.

El panorama se ve más enrarecido por la carencia absoluta de un diagnóstico oficial sobre la crisis, la actitud conformista y la descoordinación. Los anuncios de emplear la política fiscal para moderar la caída quedaron a medio camino. En las intervenciones recientes, el Gobierno se refiere a un déficit fiscal de apenas el 1% del PIB y presentó una reforma tributaria y regional que eleva los gravámenes indirectos.

La baja de la tasa de interés de referencia del Banco de la República ha resultado tardía e ineficaz, porque los agentes económicos movilizaron el aumento de la liquidez para comprar dólares. La medida fue seguida en los últimos dos meses por la reducción notable del crédito.

 

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