Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Ni ‘Job’ ni DMG

ES JOSEOBDULIESCO O JJRENDONESco, que en la semana de la escandalosa absolución de los ministros y funcionarios comprometidos en el cohecho reeleccionista, que debería tener tambaleando a Alejandro Ordóñez, el Absolvedor General de la Nación, salten a la primera plana los supuestos encuentros del bandido que dirigió DMG con funcionarios distritales.

Ya nadie recuerda que Ordóñez fue el candidato a Procurador al que los amigos y abogados del Gobierno le hicieron el guiño, ni siquiera disimuladamente sino en sonadas entrevistas periodísticas.

Menos recuerdan los medios que la Sala Penal de la Corte condenó a Yidis Medina, con base en contundentes evidencias del cohecho, que sí vinculan con certeza a altos funcionarios, las que inexplicablemente no fueron tenidas en cuenta por este nuevo procurador de bolsillo. Sí, no dejó pasar Ordóñez los primeros cien días de su gestión, para confirmar sus preferencias y también sus gratitudes con un régimen al que parece estar dispuesto a perdonarle todo.

Claro que todo lo de DMG huele mal y merece censura, no sólo mediática. Pero lo que es peor es que a sabiendas de que esta tenebrosa empresa y la siniestra camarilla que la comandaba, han merodeado por todas partes y alternado con altísimos funcionarios y hasta con cercanos parientes del que sabemos, el bulto de la infamia lo tengan que cargar solamente unos pocos. O todos en la cama, o todos en el suelo.

Ahora resulta que va a ser mucho más grave que David Murcia ingrese con el sinuoso grupo “Uribistas con Samuel” a la casa de la capitana María Eugenia, que Job haya ingresado en la penumbra de la noche a la “Casa de Nari”, con el abogado de Don Berna, a sostener una sombría reunión con fines conspirativos contra la Corte. Ese extraño aquelarre, por el cual debería ya existir pliego de cargos a los funcionarios responsables, convocó, entre otros, al cada vez más enredado secretario jurídico, Edmundo del Castillo, al cuestionado ex embajador Juan José Chaux y a Óscar Iván Palacio, un desconocido abogado que ha venido adquiriendo notoriedad, no por su sapiencia, sino por su cercanía con José Obdulio, el “Curita” César Mauricio Velásquez y, léase bien, con Fidencio Mena, el ex trabajador de DMG, también amigazo de la casa presidencial, gestor de la visita de David Murcia a la residencia de la madre del actual alcalde.

Los comunicados palaciegos, siempre cargados de frases crípticas, esta vez también mostraron su marrullería. En cuanto se supo de la existencia del grupo “Uribistas con Samuel”, el Gobierno salió a decir que Uribe no autorizó a nadie para que en la campaña pasada se apoyara en su nombre a ningún candidato. Pero se cuidaron de negar sus querencias por ese extraño comando de uribistas, del que fue parte el enigmático personaje Fidencio Mena, que en público se ufana de su amistad con Uribe y José Obdulio, y quien además visita los medios de la mano de Óscar Iván Palacio, todos a una, como en Fuenteovejuna, miembros de la misma peligrosa orquesta.

Que caigan todos los que tengan que caer, incluido Rojas Birry, quien nunca debió ser Personero, porque estaba impedido para serlo, como lo denuncié en esta columna, pero que por cuenta de estos episodios de DMG, no se olvide que todavía hay mucho delincuente montado en los carros oficiales del gobierno nacional, por ejemplo, los que chuzaron y espiaron a medio país, que siguen intocables.

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Adenda. ¿Y cuál fue la veeduría que le hicieron a los candidatos de Uribe a la Corte Constitucional? Más uribistas para la Corte, además de los que llegaron recientemente y de los que ya había.

 

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