Por: Eduardo Sarmiento

La crisis sigue su marcha

Los indicadores de actividad productiva y empleo de Estados Unidos revelan que la economía se encuentra en una profunda recesión. Por lo demás, la propagación de la crisis se acentúa y magnifica en los países emergentes de Asia y América Latina.

Los despliegues publicitarios y sociales del BID y el G20 no tuvieron una contraparte en planteamientos y soluciones. En ninguno de los dos certámenes se avanzó en  un análisis de conjunto sobre las causas y extensiones de la crisis, ni sobre la acción conjunta para enfrentarla.

Las autoridades estadounidenses dan por hecho que la crisis es un problema que se resuelve con tasas de interés cero, rescates a las instituciones financieras y adquisición masiva de activos tóxicos.

Todavía no se ha aceptado que estamos ante una crisis global y que los colapsos de las hipotecas subprime y de las instituciones financieras son manifestaciones de un desequilibrio mayor proveniente de la globalización y del modelo económico de libre mercado.

No sobra repetir que la economía de Estados Unidos experimento una desvalorización de activos que determinó un exceso de ahorro sobre la inversión, que a sub vez ocasionó la caída de la producción, y tiene su manifestación más clara en tasas de interés cercanas a cero. Así, la emisión masiva para adquirir activos tóxicos amplía la capacidad de préstamo de los bancos, pero no lleva al público a recibirlos.

La política de estímulos fiscales es mejor, pero tampoco resuelve el caos. El déficit fiscal, que se estima en cerca del 13% del PIB, se destinara principalmente a las operaciones bancarias. La parte que se convertirá en gasto público efectivo en el presente año no es mas de 1.5% del PIB.

Lo que no se ha entendido son los graves efectos colaterales de la orgía monetaria. La tasa de interés cero y la congestión de liquidez frenaron la entrada de capitales que permitía adquirir las exportaciones de Asia, trasladando el exceso de ahorro al resto del mundo. Las balanzas de pagos se equilibran a la fuerza, los mercados internacionales se cierran y provocan caídas generalizadas de las exportaciones. Sin duda, los posibles beneficios directos de la política resultan menores que los daños  colaterales.

En el fondo, las autoridades monetarias están tratando de estimular la economía inflando las burbujas y la especulación que llevó a la crisis. Los agentes privados adquieren los bonos en condiciones que les dan mayores probabilidades de ganancia y las alzas de precios atraen a otros compradores. Se configura un círculo vicioso en que el alza de los precios de los activos aumenta la demanda y esto estimula mayores alzas. La especulación aparece como la principal fuente de dinamismo de la economía de los Estados Unidos.

Los insucesos de las políticas revelan el error de diagnóstico. La raíz de la crisis mundial es el desbalance estructural ocasionado por el excesivo consumo de Estados Unidos, que se refleja en un déficit creciente en la balanza de pagos financiado con el creciente ahorro de los países emergentes, en particular de Asia. Como ninguno de los dos comportamientos se podía mantener, se configuró un orden económico estructuralmente inestable, que en algún momento tenía que venirse abajo.

La solución obvia para Estados Unidos consistía en reducir el déficit en cuenta corriente para evitar la entrada de capitales destinados a la especulación y reemplazar la valorización por exportaciones. El propósito sólo podría lograrse dentro de una acción concertada de todos los países para devaluar el dólar, y una de las formas de realizarlo es la propuesta de China de una nueva moneda representada en una canasta.

En lo que respecta a los países emergentes, lo primero es reconocer el agotamiento del modelo exportador de bajos salarios. Ojalá que el cierre de los mercados internacionales sirva para que se entienda que las políticas comerciales e industriales, o si se quiere la protección, son medios para superar las limitaciones de los  mercados internacionales y evitar que la competencia internacional deprima los salarios.

No obstante que la crisis del orden internacional es el resultado de la globalización y el modelo único de libre mercado, las soluciones se buscan dentro de las mismas teorías y soluciones fallidas. Al igual que ocurrió en el pasado, los líderes temen adoptar un nuevo modelo que reduzca el consumo de Estados Unidos, erradique la especulación y modifique el modelo exportador montado en excesivo ahorro y bajos salarios.

Tanto el tema de la devaluación del dólar y la nueva moneda de reserva, como el del fortalecimiento de los mercados internos de los países emergentes, que constituyen partes esenciales para superar la crisis, brillaron por su ausencia en el BID y el G20.

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