Por: Gustavo Páez Escobar

El desquite del cerdo

Quién lo creyera: el cerdo, tan rastrero y maloliente, tan apaleado y humillado, cuyo sacrificio se vuelve plato suculento de todos los paladares, tiene en jaque a la humanidad entera.

Le llegó el turno para vengarse de su eterno torturador, el hombre, por tantas crueldades recibidas. Pasándole la cuenta de cobro que ha crecido a lo largo de los siglos, le transmite a su verdugo la gripa porcina, una endemia nacida en Méjico y que amenaza volverse pandemia universal.

Hoy la voz del cerdo se escucha en todos los confines del planeta. No se trata ya del simple gruñido con que se duele por los maltratos llovidos sobre sus  carnes generosas, o del llanto visceral con que exhala el último aliento en el matadero, sino de una voz retumbante que le advierte al mundo que ha llegado el momento de la reflexión.

El hombre, en cualquier latitud donde se halle, y sin importar raza, religión o estado social, tiembla de horror ante la idea de contagiarse con el virus porcino, que puede llevarlo a la muerte. ¿Por qué el hombre no ha aprendido que si causa la muerte, también puede recibirla?

Grandes angustias se viven hoy en todos los continentes por culpa de este animal vociferante, gruñón por naturaleza, que protesta en todos los idiomas porque lo han tratado mal. Y busca meterse en cuanto recoveco encuentre. No solo ataca la salud humana, sino que desbarata cifras y hace temblar imperios.

Hay países que restringen sus fronteras para evitar la propagación del aire contaminado que puede llegar de otro sitio. De esta manera, el turismo y los negocios sufren pérdidas enormes. De igual modo, la industria hotelera recibe fuerte menoscabo. Algunas bolsas se ven afectadas por la embestida porcina, y nunca habían pensado que esto pudiera ocurrir.

En Méjico, la demanda de carne de cerdo, actividad de la cual depende mucha gente, ha caído en los tres primeros días de esta semana en un 30%, y en la capital del país, en un 80%. En Bogotá, la gente ha dejado de comprar esta carne. Mientras esto produce una fruición pasajera en los pobres brutos que al fin logran respirar y sonreír, los vivos del negocio tienen que hacer malabares para subsistir. Así de irónica es la realidad porcina. Ya se sabe que media humanidad vive de la otra media.  

Egipto extremó las medidas de prevención y ordenó la matanza de todas las piaras (calculadas en 300.000 unidades). Hasta ese grado llega el nerviosismo que invade al mundo a merced de una gripa que puede ser letal. Es la locura. En sentido contrario, una voz moderada, la del presidente Obama, invita a controlar el pánico. Él sabe, como líder de la mayor potencia mundial, que las operaciones bursátiles y la economía de los países pueden sufrir grandes pérdidas por efecto de los nervios desenfrenados. Ya se ve que el cerdo también sabe producir pánico y amenazar las finanzas. Es un gran economista. Y un gran filósofo. Está en su hora, y hará todo lo posible por castigar la estupidez del hombre.

El hombre lo ha sometido a brutales escarnios. No solo lo apalea antes de cortarle la cabeza –que luego exhibe coronada de burlas, con el inri de las tentadoras “lechonas” fabricadas con sus tripas–, sino que le ha endilgado infamantes epítetos para mantenerlo por el físico suelo: puerco, cochino, marrano... De allí salen sinónimos de igual vileza, que lo asocian con estados repulsivos: sucio, mugriento, repugnante, maloliente, inmundo… Este hombre que asigna apelativos y sinónimos, y le gusta ser humanista y académico, olvida a veces ser humano.

Por allá en el siglo XVIII, existió en Inglaterra un cerdo letrado. Como era tanta su maestría para deletrear nombres usando letras de cartón, se volvió  personaje en Londres. Luego se hizo actor de circo. El público le tributaba frenéticos aplausos, y él correspondía a los vítores inclinando la testa humilde (la misma testa que le cortarían en los tiempos futuros, para coronarlo como rey de burlas). No se considere que esto es simple fábula: el cerdo posee alto nivel de inteligencia, goza de excelente memoria, distingue a las personas que lo rodean y es sociable con los miembros de su comunidad.

Por otra parte, no todos los hombres lo maltratan y sacrifican. Véase, por ejemplo, este hecho laudatorio de los tiempos modernos: hace tres años fue creada la revista virtual Hermano Cerdo, dedicada a la literatura y las artes marciales, la cual cuenta con una prestante nómina de colaboradores en más de diez países, entre ellos, Colombia. ¿Ven ustedes que el cerdo no ha perdido su condición de letrado?

Este obeso personaje (si no es obeso no es cerdo) tiene hoy en sus manos la paz del mundo. La humanidad tiembla ante el poder arrollador del virus mejicano que ya se puso a caminar y que, de extenderse –y se espera que no suceda–, contagiaría la atmósfera y provocaría el caos. Se piensa, claro está, en la peste bubónica del siglo XIV.

Hermano Cerdo: ¡apiádate del hombre! Hermano Cerdo: ¡hagamos las paces!

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