Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Rompiendo Plazas

ES MUY PREOCUPANTE LO QUE ESTÁ pasando en el juicio que se sigue contra el coronel (r) Plazas Vega, juzgado por las desapariciones del Palacio de Justicia.

Me refiero, por supuesto, a las maniobras tinterillescas que han ido quedando al descubierto en ese litigio, no a la bochornosa imagen del altivo ex oficial agrediendo a una pobre señora y a los familiares de las víctimas, transmitida por todos los noticieros de televisión. Si eso hizo estando preso, fácil resulta imaginarlo en un tanque militar “salvando la democracia”.

Claro que el coronel Plazas Vega tiene derecho a que no lo sacrifiquen sin haberlo vencido en juicio, el que no tuvieron los magistrados y las víctimas del Palacio de Justicia. A lo que no tiene derecho ni él, ni nadie, es a sembrar de dificultades un proceso que debería enfrentar sin artificios, porque no sólo le interesa a él sino a todos los colombianos.

Plazas intentó sin éxito ser juzgado por la justicia penal militar. Ha cambiado siete veces de abogado; el último pidió seis meses para conocer el expediente. A petición suya la audiencia de juzgamiento se ha aplazado en seis oportunidades. En la última ocasión pidió la suspensión por motivos de enfermedad, “dolencia” que sin embargo no se le notó cuando lleno de ira pretendió silenciar con su peculiar estilo los lamentos legítimos de los familiares de los desaparecidos.

¿A qué juega el coronel Plazas, cambiando de abogado, postergando las audiencias y “enfermándose”, y hasta enviando cartas amenazantes a la jueza que conduce su juzgamiento? No puede ser a la prescripción de la acción penal, porque los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles.

La estrategia apunta a que el proceso no sea decidido antes de agosto de este año, cuando debe producirse el cambio en la cúpula de la Fiscalía, para que quien llegue remueva a la valerosa y contundente Fiscal acusadora que tanto le incomoda a Plazas.

Seguramente el nuevo Fiscal General sabrá designarle a Plazas un acusador que no lo mortifique, y que además les guste a Fernando Londoño, a Plinio Apuleyo, al general Valencia Tovar y a Uribe.

Algo similar ya hizo el procurador Ordóñez, al reemplazar al vocero de la Procuraduría que llevaba 12 años trabajando en este asunto, por un nuevo funcionario, seguramente competente, pero que no conoce el proceso.

Plazas Vega es un consentido del uribismo. Además de haber sido director de estupefacientes, de donde también salió cuestionado, a lo mejor se convierte en beneficiario de la insólita propuesta de Uribe, de que los costos de los abogados que defienden a los militares los paguemos los contribuyentes.

~~~

Adenda N° 1. El doctor Jaime Lombana, defensor de la familia presidencial, declaró al Noticiero CM& que el escándalo de la zona franca en el que están involucrados Tomás y Jerónimo Uribe —¿les dio culillo ir al Senado?— es un ataque del “samperismo en combo y los grandes defensores del 8.000”. De dónde acá samperistas Daniel Coronell, María Isabel Rueda, María Elvira Samper, María Jimena Duzán, Lucy Nieto, Héctor Osuna, Vladdo, Félix de Bedout, Antanas Mockus, Néstor Morales y tantas otras voces indignadas. El problema de Lombana tiene que ser de memoria, si tampoco recuerda que defendió a María Izquierdo y a David Turbay, protagonistas del 8.000.

Adenda N° 2. El Absolvedor General de la Nación, homenajeado en Bucaramanga por el Héroe de Invercolsa, evoca la escena famosa en la que Napoleón, al advertir que su ministro Tayllerand, cojo, se apoyaba en el brazo del “genio tenebroso” de Fouché, exclamó: “El vicio apoyándose en el crimen”.

 

[email protected]

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ramiro Bejarano Guzmán

David vs. Goliat

El reino de Pinocho

Renuncia de Duque y/o constituyente

Entre tercos

De dientes para afuera