Por: Ramiro Bejarano Guzmán

El derrumbe

EL GOBIERNO ENFRENTA LA PEOR crisis de sus siete años de reinado y lo tiene merecido: está rodeado de malas personas.

Así lo confirman el creciente escándalo de las “chuzadas” del DAS a magistrados, opositores y periodistas, y la deplorable defensa que los ministros y funcionarios hicieron del indelicado negocio de los multimillonarios hijos del Presidente.

El tema de la guerra sucia orquestada desde la “Casa de Nari” ya no es un cuento de paranoia de la oposición, como irresponsablemente lo pregonan parlamentarios y periodistas uribistas.

Esos encantadores de serpientes que reciben y ejecutan instrucciones palaciegas, primero sostuvieron que como no había pruebas de los seguimientos ni de las interceptaciones ilegales, todo eran calumnias de la oposición. Cuando aparecieron las evidencias de los seguimientos, dijeron que eran operaciones rutinarias en un organismo de inteligencia, pero insistieron en que como no había grabaciones, nada había que censurar. Y ahora que empezaron a salir a la luz pública las grabaciones, optaron por decir que todo era lícito, porque el DAS lo que estaba haciendo era inteligencia a un supuesto ‘narco’ cercano a algunos magistrados, no a estos últimos.

Las estremecedoras revelaciones de los últimos días han desbaratado ese tinglado de mentiras y han dejado en evidencia la temeridad de una denuncia penal formulada por el ex Comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo contra los magistrados de la Corte. Raro que esa querella coincidiera con la iniciación de las “chuzadas” y seguimientos a los magistrados.

Ahora ya no hay duda de que en la sede presidencial deambulan varios “Montesinos” que complotaron con el DAS y la UIAF contra los magistrados y muchas otras personas honorables. Uno de ellos es José Obdulio Gaviria, quien ahora promueve la cínica historia de que la oposición filtró el DAS y se automandó a “chuzar” para desprestigiar al Gobierno, y, además, que sus reuniones con “chuzadores” y seguidores eran sólo para hablar de sus panfletos.

A lo anterior se agrega el bochornoso espectáculo de los defensores de los hijos del Presidente en el debate adelantado en el Senado. Los defendidos salieron tan mal librados, que al día siguiente tuvieron que acudir a varios medios a tratar de explicar lo inexplicable. Quien se llevó las palmas por sus desaciertos fue el ministro Óscar Iván Zuluaga, quien cree que si grita lo oirán más. Solamente en este Gobierno podía ocurrir que un ministro sostuviera que la ética de los funcionarios únicamente les impone obedecer la ley. Inmoral, ignorante, ambas cosas o muchas más.

El hombre público acata la ley, pero tiene que ir más allá, hasta donde llegue la moral. Un político que no tenga claro tan elemental concepto, en una campaña política le parecerá normal compartir tribuna con un “paraco”, porque como la ley no lo prohíbe, tampoco la ética. ¡Ah, ministro!, si entonces lo hubiera tenido claro, cuántas amarguras y sospechas se habría ahorrado.

Así los usurpadores se perpetúen en el poder con otra reelección tramposa, la historia ya sabe que apenas son los protagonistas de la corrupción del nuevo milenio.

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Adenda N° 1. Indignante que Uribe en la reunión con las altas cortes admitiera sin sonrojarse que Alejandro Ordóñez, el Absolvedor General de la Nación, lo aconseja permanentemente.

Adenda N° 2. Rectifico lo que dije en columna anterior, acerca de que Felipe Muñoz, director del DAS, era buena persona y que podría estar equivocándose de buena fe. Ni lo uno ni lo otro. Sus enigmáticas actuaciones no son las de un hombre de bien, ni menos ingenuo.

 

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