Por: Cecilia Orozco Tascón

Clima de persecución

MUY NERVIOSA TIENE QUE ESTAR LA cúpula del Gobierno para que mande a sus “coroneles de la caballería pesada”, como se autodenominan vanidosamente los áulicos del régimen, a tratar de minar en tan corto lapso a comentaristas de los quilates de Ramiro Bejarano, Javier Darío Restrepo y Felipe López.

Como la persecución contra la porción independiente de la rama judicial tiene las lámparas de los organismos internacionales encendidas, hay que esperar a que baje esa temperatura. Mientras tanto, resulta estratégico enfilar las baterías contra el otro frente de una batalla inventada por los orates oficialistas, o sea, contra quienes debaten en la prensa los escándalos que se descubren.

El respetado maestro Osuna afirma en su columna de El Espectador que “el abogado Ramiro Bejarano, defensor del magistrado (Valencia Copete), colega periodista, le ha resultado piedra en el zapato al autócrata antioqueño”. Debe de ser por eso que intentaron sembrar, sin éxito, dudas sobre la reputación impecable de Bejarano. Pero tacaron burro. El viernes 15 de mayo, advertido del montaje que le armaban, el jurista envió un derecho de petición para que le contestaran si era cierto que el DAS andaba tras los ex funcionarios de la época en que él fue director de la entidad, seguramente con el fin de que enlodaran su honra. El domingo 17, por pura casualidad, El Tiempo se refirió a una supuesta interceptación ilegal ordenada en la administración Bejarano. El lunes 18, la memoria del vicepresidente Francisco Santos se activó de repente: “recuerdo una columna mía (de hace 14 años) donde acusaba al entonces director del DAS (de grabaciones ilegales) y no pasó nada. Nadie investigó”. Bastó que el abogado revisara sus archivos. Ahí estaba la noticia del mismo periódico de Santos sobre la captura de un chuzador del cartel de Cali, verdadero responsable de la maliciosa sospecha que el Vicepresidente lanzó. Fue tan estruendoso el desmoronamiento del infundio, que ni Santos ni el DAS volvieron a darles cara a los reporteros.

Es inútil insistir en que Javier Darío Restrepo ha sido un faro de la ética periodística, porque todos los sabemos. Pues bien, no fue sino que en sus comentarios de El Colombiano él fijara una línea crítica de pensamiento, para que a la otrora valiosa directora del diario paisa le urgiera ‘reorganizar’ sus páginas de opinión y prescindiera de las opiniones de Restrepo. Nada tiene que ver, claro, la posición uribista, reeleccionista y gobiernista de rodilla al suelo de El Colombiano. Esa es otra mera coincidencia. Y la de enmarcar: el presidente de Semana, Felipe López, ha sido descubierto. ¡Es “el jefe de la oposición” en “la clandestinidad”! Si no fuera por el asombro que despierta tamaña descripción, era como para desternillarse, en lugar de entrar en pánico ante las alocadas digresiones mentales de los asesores palaciegos. Y digo pánico porque si tachan de conspirador oculto al más uribista de los dueños de los medios sólo porque no comparte un tercer período consecutivo de quien es su ídolo, ¿cómo será lo que les espera a quienes están, legítimamente, en la otra orilla ideológica? ¿La muerte, el destierro o la prisión, imputándoles delitos imaginarios?

Por primera vez estoy de acuerdo con el procurador y consejero gubernamental Ordóñez: es peligroso que venga un relator de la ONU a vigilar la imparcialidad de las investigaciones (incluyendo las suyas) y la operatividad de la justicia. Tal como está el clima aquí, hasta la ONU puede perder su prestigio o su representante, la vida.

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