La Lizama: la esperanza revive tras el derrame de crudo de 2018

hace 4 horas
Por: Reinaldo Spitaletta

Un huevo democrático

El huevo se está convirtiendo en Colombia en un simbólico instrumento de protesta.

No hace mucho, un estudiante de la Universidad de Caldas, le estalló uno en la cabeza al entonces asesor presidencial José Obdulio Gaviria, al tiempo que justificaba su acción porque ese “es un personaje que está en contra de los pobres, las marchas y los indígenas”. Algunos guasones dijeron que al huevito le quedó faltando una porción de tomate.

La semana pasada, en medio del Foro Internacional de Responsabilidad Social, una joven se acercó con un huevo en la mano al Presidente y le dijo: “señor Presidente, usted tiene huevo, la democracia colombiana tiene huevo” y agregó que en este país no hay responsabilidad social. Uribe se quedó pasmado, y más aún cuando intentó darle la mano a la arrojada muchacha, que rehusó el gesto. Ciertos comentaristas dijeron que la chica era una maleducada. Tal vez lo que le sobra a ella es dignidad. Y valentía.

Porque tal vez ella se atrevió a expresar lo que mucha gente piensa acerca de un país patas arriba, en el cual los únicos que obtienen astronómicas ganancias son los banqueros, al tiempo que la mayoría de “compatriotas” se empobrece. Porque, en rigor, la democracia “tiene huevo” con las escandalosas “chuzadas” (espionaje oficial) a magistrados, periodistas y miembros de la oposición, o con las propuestas indecentes de instaurar otra vez la inmunidad parlamentaria.

Porque, sin duda, la democracia tiene huevo cuando el Presidente aspira a otra reelección, y más en momentos en que la primera estuvo signada de anormalidades, en una combinatoria de corrupción y crimen, de ferias de notarías, de compra de “conciencias” y votos. Cómo será el asunto de grave, que hasta Obama le dijo a Uribe que ya era suficiente con ocho años y le hizo una exposición sobre George Washington y acerca de la reelección en los Estados Unidos.

Cómo no va a “tener huevo” una democracia como la colombiana, hecha a medida de potentados, en la que, por ejemplo, el Ejecutivo tiene cada vez más poderes, en la que se busca volver hilachas la Constitución para satisfacer los caprichos de unos cuántos, y en la que tienden emboscadas para aprobar referendos reeleccionistas o modificar textos, como el del referendo del agua.

Qué tal, digamos, el aspecto de los denominados “falsos positivos”, que ya tuvieron un primer examen del Relator Especial de las Naciones Unidas para las Ejecuciones Arbitrarias. Según el mismo, la expresión “falsos positivos” brinda una especie de “aura técnica para describir una práctica que se caracterizaría mejor como el asesinato a sangre fría y premeditado de civiles inocentes, con fines de beneficio”. El relator Phillip Alston advirtió, además, que las matanzas de Soacha son apenas “la punta del iceberg”.

La muchacha del huevo tal vez no pudo decir que la crisis colombiana afecta con rudeza a la mayoría de la población, castigada por el desempleo y otras miserias sin cuento, mientras el Minhacienda –tal vez en su afán de promover la reelección- dice que aquí no hay ninguna recesión, pero bajan los indicadores de productividad y suben los de la desocupación.

Cómo no va a “tener huevo” una presunta democracia que victimiza más a las víctimas, cada vez más lejos de la reparación y la justicia, y parece estar más bien del lado de los verdugos. Y que privilegia a las transnacionales con todas las gabelas posibles, en una actitud de entreguismo y desvergüenza.

Esta es la democracia de la yidispolítica, de la corrupción, de las pirámides, del desprecio por los necesitados, de los sainetes comunales, de los privilegios para los magnates, y el catálogo que hace que precisamente esta no sea una democracia podría ir hasta el infinito. O hasta la náusea. Con su acto de protesta, la muchacha del huevo dio una pincelada de lo que es ahora el sentir de mucha gente. Algunos piensan que debió hacer con él lo que hizo el estudiante de la Universidad de Caldas con el ex asesor presidencial.

 

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