Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Comprando justicia

ES MUY DICIENTE QUE EL MISMO DÍA en el que el parlamentario del partido de la U Manuel Enríquez Rosero se lanzaba al agua con su inmoral propuesta de quitarle a la Corte Suprema la facultad de juzgar a los congresistas, el presidente Uribe en las horas de la noche estuviera presidiendo un homenaje en su honor en Pasto. En el Gobierno dirán lo de siempre, que eso estaba programado desde antes y que todo fue una coincidencia.

Lo que sí no es casualidad es que Uribe no hubiese aprovechado la presencia del supuesto autor del esperpento de cercenarle facultades a la Corte Suprema que tiene enjuiciados a sus amigos y cómplices, para decirle de una vez por todas al país que su Gobierno no apoya ese nuevo atropello que la aplanadora uribista aspira ejecutar contra la Constitución, para generar más impunidad, como lo denunció el magistrado Jaime Alberto Arrubla. No otra cosa puede esperarse de un tribunal que estaría manejado por amigos del régimen, para que en nombre de una ley que aprobarían las mayorías gobiernistas en el Congreso, absuelvan a los suyos y persigan a opositores y críticos.

Si el Gobierno no tuviese nada que ver en la jugada siniestra de crear ahora un “tribunal especial” que sustituya a la Corte Suprema, Uribe no habría guardado silencio sobre el tema en la noche que exaltó las desconocidas ejecutorias del congresista que le hizo el favor de soltar el globo para debilitar a los jueces de la “parapolítica”.

Pero así fue. Habiendo podido Uribe pararse el jueves en Pasto y amablemente decirle al galardonado Enríquez Rosero —de manera que lo oyera toda la nación—, que estaba solo en su indecente propuesta, no dijo ni pío. Lo mismo ocurrió cuando unos “desconocidos” propusieron la recolección de firmas para convocar el referendo reeleccionista, el mismo que sus indelicados promotores llenaron de fraudes procesales y de innumerables delitos, por los que siguen sin responder.

Que nadie se llame a engaño, el origen de la desestabilizadora propuesta de reforma constitucional para quitarle a la Corte Suprema la competencia que le permite investigar y juzgar a los congresistas tiene que ser el pago de un compromiso de ese binomio siniestro Gobierno-bancada uribista. Por eso, en cuanto el parlamentario pastuso soltó la idea “genial”, el jefe de la U, Luis Carlos Restrepo, también la aplaudió y propuso que ese nuevo “tribunal especial” que investigue y juzgue a los altos funcionarios sea la Sala Disciplinaria del Consejo “Presidencial” de la Judicatura, integrada por magistrados que nombra el Congreso de ternas hechas por el Gobierno.

El uribismo hace rato perdió hasta el sentido de la decencia. Ahora lo que buscan es reprender a la Corte Suprema por su decisión de no prestarse al juego de las renuncias de los congresistas a sus fueros, maniobra que les había permitido ponerse transitoriamente a salvo de la justicia. Como la tramposa renuncia a los fueros quedó sin piso, el paso siguiente es aniquilar a la Corte que le está cumpliendo al país e inventarse un nuevo tribunal de compadres en el sucio oficio de la politiquería.

Uribe y sus amigos están repitiendo los pasos del nazismo. El partido de Hitler durante sus 12 años de terror aniquiló la justicia alemana y la de los países ocupados, creando los temidos “tribunales especiales”, descritos en el magistral libro de Ingo Muller, Los Juristas del Horror. Desde entonces no hay totalitarismo que prescinda de la formulita de poner la justicia en manos de los suyos para que no sea ni independiente, ni justa.

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Adenda. Ahora que el Departamento de Estado americano lo de las “chuzadas” ilegales del DAS lo encuentra “alarmante e inaceptable”, el Gobierno de la seguridad democrática se declara víctima de un complot internacional.

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