Por: Felipe Zuleta Lleras

Por sus actos los conoceréis

“VAMOS A COMBATIR LA CORRUPCIÓN y la politiquería”, sostenía el sr. Uribe para convencer a los colombianos de que él sería el presidente más honesto de la historia republicana. Y con ese cuentito de culebrero ha logrado su elección dos veces y con honestidad.

Por eso es que no se ha tenido que comprar ni a un solo parlamentario, como no sea que, como sostiene el primo de Pablo Escobar que escribe en el diario de Planeta, la Corte Suprema esté viendo delitos en donde el sr. Uribe y sus amigos no los ven. Mejor dicho, lo que para la Justicia es delito, para el Ejecutivo es sólo un asunto de mero trámite. Por eso, arreglar a Yidis y a Teodolindo, feriar notarías, mandar capturar personas en eventos públicos, chuzar, promover asesinatos a cambio de recompensas, otorgar zonas francas sin el cumplimiento de los requisitos, desaparecer sindicalistas, comprar testigos, reunirse con criminales en la Casa de Nari, repartir dinero en los consejos comunales, nombrar rectores cercanos a los paramilitares en las universidades públicas, dejar infiltrar con paramilitarismo al DAS, repartir las concesiones de vías, quitarles los terrenos a desplazados para dárselos a los ricos, regalarles 250 mil millones de pesos a quienes financiaron las campañas con el tal Agro Ingreso Seguro son actos normales de gobierno. Y según la encuesta de RCN y Semana, al sr. Uribe nada lo toca ni lo mancha, como a la virgencita a la que tanto se encomienda y a la que le pide que le aclare sus encrucijadas del alma, porque a este ciudadano no lo conmueven ni le producen dudas o cavilaciones los delitos que se cometen en su gobierno. Es tal su cinismo disfrazado de arrobamiento cristiano, que al régimen no lo rozan las críticas, pues mientras unos pocos puntualizamos todos los delitos, no hay quien los investigue pues el absolvedor general anda ocupado en joder a los opositores. Por eso es que todos debemos apoyar a la Corte Suprema de Justicia en su decisión de readjudicarse la competencia para juzgar a los parapolíticos, pues detrás de muchas de las actuaciones del Ejecutivo están ellos. Temo por la vida de los magistrados, temo por la vida de los opositores, temo por mi propia vida, porque la sombra del narcotráfico, como hemos dicho en el pasado, se pasea en cercanías de la Casa de Nari.

Notícula. Los colombianos somos indolentes ante el deterioro de las instituciones, o las muestras de las encuestas no son suficientemente amplias como para abarcar a quienes sabemos que en Colombia las cosas no van bien.

 

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