Cuando los ricos mandan

Uno de los grandes dramas de la historia de América Latina ha sido la captura del Estado por parte de los sectores más poderosos de la sociedad en cada país.

Muchas de las desigualdades que persisten en la Región tienen su fundamento en estas realidades que por fin empiezan a ser expuestas claramente. Recientemente, en un seminario en México sobre las causas de su bajo crecimiento económico, quedó en claro que un país que tenía dueños, no podría progresar adecuadamente. Colombia no es una excepción. Por el contrario, los llamados cacaos por su gran fortuna, siempre han tenido una gran influencia en las decisiones del alto gobierno. Pero actualmente ya se ha llegado a extremos. Luis Carlos Sarmiento Angulo, uno si no el más rico del país, tiene una relación con el Presidente Uribe, que ha llegado a situaciones sorprendentes.

Cuando se dio el largo paro judicial, Luis Carlos Sarmiento Angulo le pidió al señor Presidente Uribe que declarara la emergencia judicial, propuesta que fue acogida de inmediato por el gobierno. ¿Sus negocios fueron la prioridad? Es la pegunta que todos se hicieron en ese momento. Posteriormente, Sarmiento hizo un nuevo pronunciamiento: el impuesto de guerra que obviamente le tocaba pagar a él, por ser uno de las personas más ricas del país y tener más de 3 mil millones de pesos de patrimonio, debería ser pagado por muchas más personas. Inmediatamente el Gobierno sugirió estos cambios sin mucho éxito.

Pero el último episodio es realmente sorprendente. En la reciente asamblea de Anif, institución que pertenece al grupo de Sarmiento, sus palabras fueron las siguientes: "La política de la seguridad democrática cambió a este país. La gran tragedia nacional es la violencia y la guerrilla. A veces se habla de la guerrilla de los últimos 20, 40 años. Yo he conocido la guerrilla en este país con las mismas características de ferocidad y de barbarie y de salvajismo, por sesenta años. (...) Entonces el cambio es radical. Por eso requiere de soluciones radicales. Me parece indispensable continuar con esa política antes que nada". Y continúa: "Yo creo que es muy conveniente (la segunda reelección) si podemos en ese tiempo terminar esa labor en la cual él se ha empeñado”.

Y ante la pregunta sobre los costos para la democracia reiteró: "El presidente Uribe ya está ahí y ha demostrado que lo quiere hacer y que lo puede hacer". “Creo que sesenta años de guerrilla, de narcotráfico y de violencia política, lo desestitucionalizan (al país) más que una segunda reelección”.

Lo sorprendente de esta afirmación, a todas luces comprensible por los inmensos favores recibidos, entren otros el nombramiento de su hija como embajadora ante la Unesco, es que antes hizo una crítica severa sobre la difícil situación de la economía, los altos niveles de pobreza e indigencia en el país. Absolutamente incoherente para muchos. Lo grave es que a partir de estos planteamientos, se afirma que si él lo dijo, la reelección debe ser una realidad. Se tomó como una luz verde. Es decir, este país tiene dueños y Sarmiento es uno de ellos. Ya se conocen las consecuencias para el resto de la sociedad, cuando alguien tiene tanto poder. Si lo dice Sarmiento así debe ser. ¿Qué tal?

 

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