Por: Felipe Zuleta Lleras

El síndrome de Estocolmo

TAL VEZ LO MÁS BOCHORNOSO DE todos los episodios relacionados con el escándalo de Agro Ingreso Seguro es la reunión que sostuvo esta semana el presidente Uribe con los parlamentarios de la U para exigirles que rodeen al Ministro de Agricultura actual y al candidato Arias. Cómo ha cambiado la moral del país, para mal por supuesto, desde que la barrera entre lo decente y lo indecente se corrió desde la misma sede presidencial.

Este caso de corrupción tampoco le hace mella al Gobierno, pues es claro que los colombianos ven con buenos ojos todo lo que haga o diga el primer mandatario: aun contar con algunos cercanos colaboradores con estrechos vínculos con el narcotráfico y el paramilitarismo.

A ver qué le hubiera pasado al ex presidente Samper si entre sus asesores hubiera tenido un primo de los Rodríguez Orejuela o hubiera permitido que por el sótano de Palacio entraran delincuentes para fabricar testimonios contra el entonces fiscal general que investigaba a los vinculados por el 8.000.

Casi todos los escándalos tocan a alguien del Gobierno; la corrupción se disparó. Con todo y eso, el Presidente goza de una popularidad enorme, que sólo se puede explicar frente al hecho de que este es un país muy enfermo. Sólo miren a los países centroamericanos que metieron presos a sus presidentes o el mismo caso del Perú, que tiene preso al ex presidente Fujimori por asuntos menos graves que los ocurridos acá. ¿Cómo puede seguir siendo tan popular un presidente que ha permitido asuntos como los falsos positivos, el crimen de sindicalistas, las chuzadas y demás?

Pues eso es inexplicable, como no sea, repito, que el país haya decidido dejarse secuestrar emocional y políticamente por el mismo presidente, con quien los colombianos han desarrollado una especie de síndrome de Estocolmo.

Los ciudadanos pasaron de estar secuestrados por las Farc a ser víctimas de un gobierno que se ha saltado todos los cánones de la decencia y la moralidad, pero que como contraprestación les ha permitido viajar por las carreteras.

El tema es tan fácil como eso: mientras yo pueda ir de un lugar a otro sin caer en una pesca milagrosa, estoy dispuesto a perdonarles al Presidente y a sus colaboradores todo lo que hagan, legal o ilegal, moral o inmoral. El fenómeno teflón del que tanto hablan los analistas no tiene ningún origen distinto a esto.

Es precisamente por eso que el Presidente se va a quedar otros cuatro u ocho añitos, porque desde ya empezó a decir que cualquiera que lo suceda retrocederá en el tema de la seguridad y eso es lo que asusta a millones de colombianos que, de manera ilusa, se han dejado engatusar y se “enamoraron” de su caudillo. Qué ironía: este país sigue secuestrado.

Notícula. Más merecido el Premio Simón Bolívar a Darío Restrepo, es imposible. En buena hora por Darío. Felicitaciones. Entre tanto, Yamid Amat entrevista a la Ministra de Comunicaciones y le pregunta por su aspiración a tener canal propio. Y El Tiempo, ahí sí, calladito.

 

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