Por: Juan Carlos Ortiz

Contravía

Cuando pisé tierra cubana sentí por mis venas un aire de congelamiento.

Pero no se trataba de miedo por estar en medio de un régimen comunista, dirigido radicalmente por la misma persona durante décadas. Era más bien un congelamiento fílmico en el tiempo, tal vez como un capítulo de la dimensión desconocida donde todo estaba estático en el reloj de la vida, o como si visitara un parque de entretenimiento y entrara a una atracción llamada 1959.

Las construcciones, los letreros, los avisos, la arquitectura, los carros y hasta los recuerdos estaban detenidos en la historia. La invasión extrema de los viejos mensajes políticos en las calles, pintados al mejor estilo de los años sesenta, los cuales gritaban: ¡Señores yanquis, no les tenemos ningún miedo!, o, ¡Comunismo o muerte! por todos lados aparecían.

La indudable presencia clásica de una comunicación vertical, donde el régimen habla e informa, es también un modelo de comunicación congelado en el tiempo donde se dan órdenes y mensajes a las personas en una sola vía. Está claro que hay un solo líder que los emite y los receptores simplemente se limitan a seguirlo, sin opciones y sin alternativas. Si pensamos en el mundo actual digital, donde la comunicación se vuelve participativa, donde las personas co-crean e interactúan gracias a los espacios dados por las redes sociales, los blogs, la web, la telefonía celular, el marketing virtual, vemos cómo este proceso es inexistente en Cuba.

La publicidad en este país, muy expresada en propaganda política, se basa en medios tradicionales como la televisión, las vallas, la radio y en línea vertical. Un modelo antiguo donde a las puertas de 2010 las personas no tienen espacio de participación.

Podríamos decir que Cuba se mueve proporcionalmente inversa al resto del planeta. Mientras los medios digitales son la plataforma de la nueva era de las comunicaciones, donde el boca a boca o el tip of tongue se convierten en el fruto de la acción y de la proactividad de las personas, en Cuba más bien tendríamos que hablar de un top of silence.

La gente en el planeta se interconecta y se mueve en comunidad, pero acá prima la desconexión y el aislamiento individual. El mundo es cada vez más abierto y participativo, pero la isla es cada vez más cerrada y no interactiva. La pregunta es: ¿hasta cuándo?

Sabiendo que el deseo por participar proviene de lo más profundo de la naturaleza humana, un sentimiento que se pide a gritos, como una necesidad básica y esencial.

Hace anos, antes de esta era digital, era sin duda más fácil mantener desconectada a la gente. Hoy es imposible. Se sale de cualquier control, ya no se puede dirigir a las personas de esta manera. La web ha puesto en sus manos la información y la capacidad de emitir, de crear, de participar, de volver a los propósitos en la causa de los seres humanos. Esto ya no se puede ocultar, es como tapar el Sol con una mano.

Tarde o temprano el marketing de enjambre se impondrá también en Cuba, pues estamos hablando de la era de la gente, que pide control y no ser controlada.

Apasionante observar cómo la comunicación y el doble clic tomarán un papel protagónico en la isla, que forzará la evolución de un país, de su política, de su vida, de su economía, de su futuro y, sobre todo, de su gente que quiere dar una vuelta en U para salir de la contravía y así tomar la autorruta doble vía de este globo digital llamado Tierra.

 

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