Por: Cecilia Orozco Tascón

Eligen fiscal o, ¿qué hará señor Presidente?

LA PRESIÓN QUE EL PRESIDENTE LE está haciendo a la Corte Suprema para que elija ya al Fiscal General de la terna que él envió —sin que importe la conciencia de la Sala Plena—, se ha pasado de castaño a oscuro y ni en el país ni en el exterior se debería ignorar el peligro que ella entraña.

Las palabras del Jefe de Estado, desde cuando hizo su primera declaración en su más reciente andanada contra la Corte, han subido gradualmente su agresividad. El jueves pasado, en una alocución de 10 minutos que no tenía otro objetivo que el de conminar a esa corporación, el Mandatario le pidió, con voz de calma chicha, “una reflexión”. Para cualquier observador el mensaje era una primera advertencia. El Presidente acudió a su muy particular costumbre de divulgar su versión sobre las reuniones que sostiene en privado. Como no hay más testigos que los presentes, lo que el Jefe de Estado diga que se dijo, se convierte en verdad incontrovertible. Y desde luego, en este país hiperpresidencialista a muy pocos se les ocurrió preguntarle a la contraparte si es exacta la interpretación de que con el cambio formal de un nombre de la terna, la Corte solucionaba sus objeciones de fondo.

Dos días después, el Primer Mandatario aprovechó para escalar su tono durante un consejo comunal, contra la única institución que se ha atrevido a ejercer las funciones que le manda el ordenamiento. “Colombia no puede permitir que haya una justicia que esté manipulada por intereses ajenos al interés superior de la Nación”, sostuvo Uribe en medio de los aplausos de una audiencia complaciente. Por supuesto, “interés superior de la Nación” es un término que se define, a partir de esta era, de acuerdo con la agenda política del Gobierno. “No podemos dejar que se irrespete la Constitución...”, añadió. En el discurso sabatino se incluyeron varias calificaciones ofensivas pese a que el Presidente insiste en que él sí “respeta” a los demás. Se refirió a las “encerronas en Bogotá” con “los sepulcros blanqueados” y a las “marrullas de los cocteles bogotanos”.

Brinquemos ese fatigante estilo y vamos al pasado lunes festivo cuando el inefable Valencia Cossio se encargó de clavarle la estocada verbal a la Corte con la lectura de unos puntos que despejan las dudas alrededor del camino que está empezando a transitar el Ejecutivo. En el comunicado oficial leyó que “no hay margen de discrecionalidad para la Corte Suprema…”; que “decir que la terna es inviable, es quebrantar el orden institucional”; y que si la Corte no elige Fiscal estaría… quebrantando la Constitución y la estabilidad… de la patria”. Primero, si vamos a centrarnos en el quebrantamiento de la Constitución y la estabilidad, habría que empezar por la reelección presidencial. Justamente por eso hay lío con la elección del Fiscal. Segundo, la advertencia ha saltado a la categoría de amenaza. Viniendo de quien dirige la Nación, ¿la amenaza es para qué? ¿Para justificar una ruptura democrática o para manipular más hondamente la Constitución y los códigos? ¿Qué se cocina en Palacio?

En el peor de los casos, se menciona el cierre de la Corte. En otros, denuncias penales o acciones judiciales para enredar al tribunal e impedirle actuar. También se rumora que la Comisión de Acusación alista fallos contra ex presidentes de la Corte. Aquí está en juego el régimen democrático. La Constitución no es simple letra ni la cumple quien se ciñe únicamente a la apariencia. La Carta tiene fondo y éste indica que los magistrados eligen a un fiscal autónomo, independiente y con suficiente cancha para que resista los gritos presidenciales. Lo demás es hipocresía.

Entre paréntesis: ¿Qué tiene el Presidente contra Bogotá y los bogotanos? No es la primera vez que alude a los capitalinos tan despectivamente.

 

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