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hace 1 hora
Por: Salomón Kalmanovitz

¿Deflación a la vista?

SE CIERNEN SOBRE EL FUTURO DE la economía del país dos grandes nubes tormentosas que la autoridad monetaria no ha querido reconocer: el nivel de inflación está en un mínimo histórico (2,7% anual) y se están desacelerando los agregados monetarios y crediticios.

Ambos hechos sugieren que vamos hacia una deflación de precios, en la cual los productores quedan estrangulados en sus ingresos y los consumidores suspenden sus compras, esperando que los precios bajen más todavía. Es una situación en la cual los deudores tienen una gran dificultad para pagar sus deudas.

¿Por qué se ha reducido tanto la inflación? En términos generales responde a una ralentización (freno) de la demanda agregada, tanto externa (caída de las exportaciones, sobre todo a Venezuela) como interna que resulta del cada vez mayor desempleo de la capacidad productiva y de la fuerza de trabajo. La revaluación del peso reduce los precios de los bienes transables y el aumento de las importaciones que sustituyen producción local aumenta el desempleo.

En vez de tomar acciones rápidas para revertir la tendencia deflacionista, la Junta Directiva del Banco de la República anunció una meta de inflación para el año entrante de sólo el 3%, enviando el mensaje que se dispone a consolidar de manera oportunista la situación de reducción de la demanda agregada que ha propiciado la protuberante baja de la inflación. Aunque ya nadie toma muy en serio el compromiso de la Junta con la obtención de sus metas de inflación, si parece estarse colocando una camisa de fuerza para no hacer política monetaria contra cíclica hacia el futuro.

En las minutas publicadas de la última decisión de la Junta, algunos codirectores mostraron preocupación por el rumbo de los agregados monetarios y de crédito. El significado de este hecho es que tanto las fuentes de financiamiento de la economía como el crédito, en especial el de consumo, se vienen secando y no compensan la caída de la demanda. Al mismo tiempo, la baja de la inflación significa que la misma postura de tasa de interés y su impacto sobre la economía son cada vez más contractivas.

El resto de codirectores parecen ser más ortodoxos que Milton Friedman, uno de los fundadores de la Escuela de Chicago, quien en su Historia monetaria de los Estados Unidos decía que la Reserva Federal tuvo mucha culpa en la Gran Depresión de 1929-1939, al permitir el colapso de los agregados monetarios. La regla burda de Friedman dicta que los agregados monetarios deben crecer mínimamente a la suma de la inflación media de la economía y un crecimiento económico adecuado.

El régimen de inflación objetivo, que es el abrazado por la autoridad monetaria desde 1999, es más proactivo que la regla de Friedman, pues cuando observa que la capacidad productiva de la economía está subutilizada debe reducir el costo del dinero y llevarlo a 0 en términos reales. Si esto no funciona, como suele suceder, puede y debe recurrir a la expansión de los agregados monetarios por la vía de compras de títulos de gobierno o de divisas extranjeras.

La política fiscal está peor todavía: financia el déficit fiscal con dólares lo cual es muy recesivo y se le ocurre, a estas alturas de creciente turbulencia, introducir una regla de ahorro para que no vuelva a suceder que en los años de vacas gordas disipe y en los de vacas flacas haga lo contrario.

 

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