Por: Julio César Londoño

El reversazo de Chávez

LOS IMPÍOS DICEN QUE DIOS ES UN señor muy distinguido que siempre mira para otro lado.

Quizá tengan razón, quizá sea muy distinguido, o distraído, pero en los últimos días ha estado muy atento. No de otra manera se explica el reversazo de Chávez, sus declaraciones en el sentido de que la declaración de guerra contra Colombia no era un ultimátum sino un penultimátum, y que él sigue al pie de la letra la célebre máxima: Si quieres la paz, prepárate para la guerra. Por eso vive comprando aviones, barcos, helicópteros y misiles: se prepara para la guerra porque quiere la paz. Nos resultó paradojal el sujeto.

Uno no sabe qué es más inmoral: que ese payaso desvíe los miles de millones de dólares que su pueblo necesita con urgencia para atender necesidades básicas y se los gaste en armas para atacar a sus vecinos, o que lo haga sólo para que una casta se embolsille la comisión.

Los analistas afirman que el reversazo obedeció a la presión internacional, que repudió en bloque la declaración de guerra del chafarote, pero yo veo ahí la mano de Dios.

Como también la veo acá, donde el Presidente, el mindefensa y el ex mindefensa se portaron con una discreción inusitada. ¿Quién, si no Jehová, puede mantener en silencio durante quince días a Álvaro Uribe, Gabriel Silva y Juan Manuel Santos?

De todas maneras, ni el pueblo colombiano ni el venezolano deben confiarse. Los problemas siguen ahí:

1. Dos mandatarios bocones e idénticos: ambos pertenecen a lo más profundo de sus respectivas cavernas, ambos aman la guerra, odian la prensa, aman el poder, torpedean la separación de poderes y confunden la Constitución con el papel higiénico.

2. Venezuela pertenece al Eje del Mal, ese satánico club del que forman parte Irán, Irak, Libia, Rusia y Corea del Norte; y Colombia hace parte del Eje del Pésimo, la secta que conforman Estados Unidos y las naciones de Europa Occidental, esas señoras vetustas y morrongas que le encargan los trabajos sucios a los Estados Unidos.

3. El hecho de que Chávez sea paranoico no significa que Estados Unidos no quiera echarle mano y matar así dos pájaros de un tiro: extirpar ese foco de comunismo tropical y apoderarse del petróleo venezolano.

4. El asunto de las bases militares, una decisión tan soberana que ni siquiera pasará por el Congreso. Nadie se traga el cuento de que los radares norteamericanos no apuntarán a Venezuela y que sus militares vienen a hacer crochet.

5. La carrera armamentista de Venezuela, cuyo presidente se empeña en demostrarnos que la meta es Bogotá.

6. El lobby y el careo de los fabricantes de armas, que deben estar relamiéndose ante este escenario, ante semejante oportunidad para desencañengar los stocks de sus arsenales.

Chávez y Uribe pueden ser el par de bobos útiles que viven buscando los magnates de la industria bélica, los “adalides de la democracia”, los hombres de los Bush, los profetas de la cruz o de la media luna y los ideólogos de doctrinas apolilladas para justificar esas guerras que se inventan en despachos elegantes de las naciones desarrolladas. El escenario es perfecto: dos republiquetas suramericanas llenas de problemas y de “pasión”, gobernadas por la encarnación de Bolívar y por un cowboy mesiánico.

La suerte de Colombia y Venezuela le importa al “primer mundo” lo mismo que Irán y Afganistán, es decir, nada. Pero nos importa mucho a los latinoamericanos, en especial a los colombianos y a los venezolanos. Por lo tanto, y por la gravedad del asunto, es un deber de los medios de comunicación no azuzar los ánimos, y de la gente sensata de los dos lados de la frontera, no seguir a los orates que tenemos enquistados en la Casa de Nariño y en el Palacio de Miraflores.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Julio César Londoño

Carta a Vladdo

La naturaleza del lenguaje

Paradojas literarias

Maduro para caer

El silencio y la palabra