Steven Pinker habla sobre razón, ciencia, humanismo y progreso

hace 1 hora
Por: Eduardo Sarmiento

Recuperación volátil

El PIB de EE.UU. bajará el ritmo de crecimiento a mediados de 2010 y se estancará con elevado desempleo.

Luego de cuatro trimestres de índices negativos, el producto nacional creció en Estados Unidos 3,5% en el tercer trimestre. La cifra, anticipada en las encuestas de los economistas y en los medios de comunicación, se presentó con un gran despliegue que disparó el índice de la bolsa. A los pocos días aparecieron datos que creaban serias dudas sobre su sostenibilidad: el desempleo pasó de 9,8 a 10,2%, los ingresos laborales y el consumo descendieron, y el crédito registró la peor caída del último año y medio. La incertidumbre sobre el futuro de Estados Unidos aparece claramente reflejada en el aumento de la volatilidad de las cotizaciones de la bolsa de valores.

El resultado estaba cantado. En el tercer trimestre se dio el aumento más cuantioso del paquete de estímulos fiscales y su impacto efectivo se estima en 2% del PIB. Así, la economía que venía descendiendo a 1% por trimestre (4% en términos anualizados) pasó a crecer 1% (4 en términos anualizados). Pero la política fiscal tiene un efecto por una sola vez, de suerte que para mantener el crecimiento del producto nacional habría que aumentar el estímulo en los próximos trimestres.

Las cifras sectoriales confirman el diagnóstico. El índice industrial aumentó en forma considerable en octubre, a tiempo que el de servicios se mantuvo constante. Si se tiene en cuenta que las dos actividades evolucionan en forma paralela, resulta que la producción industrial se destinó a la recuperación de inventarios y no deja de ser un preludio de caída futura.

La verdad es que no se ha avanzado en un diagnóstico adecuado de la crisis. No se ha reconocido que las recetas macroeconómicas clásicas, neoclásicas y keynesianas no corrigen las fallas estructurales que llevaron a la debacle. La recesión de Estados Unidos se generó por la conformación de un exceso de ahorro sobre la inversión que tiende a ampliarse y no puede corregirse con las políticas monetarias convencionales. Por su parte, la política fiscal reduce el exceso y eleva la producción a cambio de generar una presión sobre la tasa de interés que se neutraliza con la inundación de liquidez y el disparo de la devaluación del dólar.

Esta es la nueva fase de la crisis. Estados Unidos se enfrenta a un estado típico de deflación. No obstante, la devaluación del dólar, el alza de los precios de petróleo y en general de las materias primas, el nivel de precios disminuyó considerablemente con respecto al año pasado, y sólo puede entenderse por la cuantiosa caída de los precios de los servicios y los salarios.

Lo cierto es que la economía estadounidense se enfrenta a una reactivación y a la baja de los ingresos laborales, elevación de la tasa de ahorro y contracción del crédito. Semejante contradicción no puede mantenerse por mucho tiempo. El producto nacional, luego de crecer 3,5% en el tercer trimestre, bajará el ritmo a mediados de 2010 y desembocará en un estado de estancamiento con elevado desempleo.

Las secuelas de esta nueva realidad de la economía mundial se sienten en mayor grado en las economías exportadoras expuestas a tipos de cambio flexibles. Tal como se observa en Colombia, la baja de la tasa de interés internacional y la devaluación del dólar ocasionan presiones de revaluación que se agregan al cierre de los mercados internacionales para llevarse por delante las actividades transables. La economía colombiana se ve abocada a caídas de los ingresos de exportaciones y contracciones de crédito que dan lugar a excesos de ahorro sobre la inversión que contribuyen a mantenerla deprimida. Los precios bajan, la producción industrial se desploma, el desempleo aumenta, el crédito desciende y los consumos se comprimen.

Lo grave es que estas economías operan con modelos concebidos para extirpar los mercados internos; por lo general, proscriben el déficit fiscal, el ajuste del salario mínimo, la intervención cambiaria y la revisión arancelaria. En la práctica están desprovistas de medios para enfrentar contracciones de demanda provenientes de las caídas del sector externo.

Luego de más de dos años de crisis, el balance es pobre. Los países asiáticos y las economías con amplios mercados internos superaron la recesión en pocos meses y evolucionan a elevadas tasas. En contraste, Estados Unidos, Europa y los países medianos dependientes de las exportaciones se mantienen en recesión o se recuperan dentro de diagnósticos volátiles.

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