Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Dueños de todo

PREOCUPANTE LA REVELACIÓN DE Cecilia Orozco sobre el zarpazo con el que José Obdulio y sus áulicos pretenden apoderarse de la Radio Nacional, para convertirla en otro instrumento de su credo totalitario.

Y más inquietante aún el baboso comunicado con el que la nueva administración de RTVC trató de justificar lo inexplicable, porque en vez de negar las acusaciones de la columnista, pareció confirmarlas.

Ya se sabe que lo que se quiere es que la Radio Nacional sirva a los intereses noticiosos del régimen, como en las dictaduras de antaño, iguales a las de hoy. Esa estrategia está en marcha hace un bien tiempo, como lo confirma la historia que sigue.

Desde finales de 2008, RTVC contrató al muy conocido periodista Carlos Chica, para que la asesorara en el propósito de hacer de la Radio Nacional un complejo de emisoras que además de lo cultural también se ocupara de la parte noticiosa, dada su cobertura nacional. Hasta allí nada anormal, pues se contrató al más experto, al mismo que hizo posible la experiencia de Radionet.

Lo indignante es que una vez se puso en marcha lo propuesto por Chica, un buen día en la mitad de una entrevista a Gustavo Gallón, presidente de la Comisión Colombiana de Juristas, sobre las ‘chuzadas’ del DAS, el reportaje fue suspendido abruptamente porque resultó incómodo al Gobierno. Con ocasión de ese incidente, hubo una reunión en la que el entonces director de la RTVC, Gabriel Gómez, tuvo que transmitir a sus colaboradores el mensaje que la Ministra de Comunicaciones les enviaba, en el sentido de que en el futuro al tratar temas sensibles, como los de orden público, justicia, relaciones con Venezuela y Ecuador, etc., era necesario contar con la participación de algún vocero del Gobierno para desarrollar la noticia. Eso, obviamente, lo venían haciendo así los periodistas. No obstante, cuando alguno indagó qué hacer si a quien llamaran del Gobierno se negaba a participar, el atrevido mensaje de censura quedó claro. En efecto, el director de entonces de RTVC respondió que si nadie del Gobierno quería participar, entonces la noticia no iría. Ante esa agresión, Carlos Chica, como hombre decente y de sólidos principios éticos, renunció irrevocablemente.

Es obvio que para ejecutar una política noticiosa como la que el Gobierno tiene presupuestada para la Radio Nacional, no sirven personas honestas, independientes y de carácter, y eso explica por qué José Obdulio y sus secuaces serán las nuevas voces de la Radio Nacional.

Los de ese séquito oficialista sabrán cumplir las perentorias órdenes de informar lo que el Gobierno querrá que se sepa, o de destruir prestigios cuando así se les indique, porque en últimas han sido, son y seguirán siendo amanuenses o esquiroles. Lo mismo han venido haciendo desde el diario de Planeta, y lo harán en el canal privado que está por adjudicársele a este poderoso grupo empresarial en contra de la ley y la decencia, y también lo intentarán en el canal institucional de televisión y en “Señal Colombia”.

La perversa cofradía no sólo pretende la segunda reelección del sátrapa, sino que cuando ella ocurra, todos sus miembros gocen de inmenso poder. Hoy apenas tienen contratos, bien con el Estado o con organismos internacionales en los que tiene injerencia el Gobierno, o sus parientes están nombrados en la administración pública. Pero eso es poco para los insaciables que lo quieren todo, hasta robarnos el aire que respiramos.

Adenda. Hizo bien el joven universitario Nicolás Castro en negarse a firmar el preacuerdo aceptando responsabilidad por el supuesto delito de amenazar a Jerónimo Uribe. Se pretendió obligarlo a aceptar faltas inexistentes y, además, a que creamos en la falsa magnanimidad del empresario “lesionado”. Es una burla alevosa que ahora se sostenga que al delfín presidencial no le interesa agravar la penosa situación de quien con la ayuda de la Dijín ya doblegó por anticipado, sometiéndolo a padecer cárcel injusta e ilegal. Resista Nicolás, mientras la dignidad esté intacta todo se puede.

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