Por: Miguel Gómez Martínez

Chamboneo

CUANDO ALFONSO LÓPEZ MICHELsen era presidente, afirmó con gran desparpajo que en Colombia “había que chambonear”.

En ese entonces me pareció una frase de un claro cinismo encaminada a excusar los errores de su gobierno. Salvo a Yamid Amat senior, al que le pareció un concepto de gran estadista, pocos entendieron hasta qué punto chambonear es una de las señales de por qué un país permanece en el subdesarrollo.

Chambonear es tomar decisiones sin reflexión ni planeación. Nuestro país está lleno de señales de esta peculiar forma de gobernar. Algunos ejemplos sirven para ilustrar mis afirmaciones. Aparecen unos escasos kilómetros de dobles calzadas que no son autopistas, a pesar de lo que afirma el Ministro de Transporte. Son simplemente vías ampliadas con retornos por el carril izquierdo, que es el de alta velocidad, lo que producirá un alto número de accidentes pues los automóviles que hacen el retorno deben ingresar a baja velocidad por el carril donde circulan los automóviles que van a mayor velocidad. En estas dobles calzadas, con espíritu completamente ilógico, están sembrando árboles en los separadores de las calzadas para asegurarnos que si hay algún accidente sea definitivamente mortal, pues los árboles agravarán las consecuencias de cualquier choque. En las dobles calzadas siguen cruzando animales, niños, ciclistas, hay niños con trapos anunciando asados, postres, ventas de muebles, viveros, etc.

Chambonear es el proyecto del RUNT donde primero se legisla, se contrata, se paraliza el sistema y luego se corrigen los errores sin que suceda nada ni nadie asuma las consecuencias. Bello ejemplo de chamboneo es el Congreso de la República que vota una ley para aumentar la velocidad de circulación a 120 kilómetros por hora que no puede ser reglamentada porque según el Ministerio del Transporte no hay en el país carreteras que tengan las especificaciones que permitan rodar a esa velocidad (!).

Chamboneo de los ingenieros que hacen vías sin saber hacer alcantarillas. ¿Por qué será que en Quito —no estoy hablando de Londres, Hamburgo o Ginebra— las calles no se hunden ni los charcos llegan a profundidades insondables? A los ingenieros debería darles pena ver sus obras que escasas semanas después de ser pomposamente inauguradas están llenas de derrumbes y huecos. ¿Por qué será que nuestras obras son de tan baja calidad y el chamboneo tan frecuente?

Señal de chamboneo es no pensar en el futuro y hacer las obras sin proyección. Cuesta una fortuna ampliar las vías que han sido entretanto invadidas por cuanto vendedor pirata y urbanizador inescrupuloso existe. El aeropuerto de Bogotá, que ha sido el parto de las tres Marías, estará pequeño cuando haya sido terminado. Chambonear es hacer puentes y vías perimetrales estrechas, es construir puentes sin orejas, hacer vías rápidas sin peatonales o centros comerciales en vías de acceso y salida de las ciudades.

López sería según Amat un gran visionario. Habría entendido la verdadera naturaleza del pueblo colombiano que es indiferente frente a tantos errores que podrían ser evitados. En el fondo nos acostumbramos a tan baja calidad de vida, pues estamos convencidos de que “Colombia es el mejor vividero del mundo”.

 

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