Por: Reinaldo Spitaletta

Carrera de sapos

Más que ultrajante, la propuesta del presidente Uribe de formar redes de informantes remunerados entre estudiantes universitarios y de colegios como un modo de atacar la criminalidad en Medellín (después, en cualquier otro lugar), confirma su talante totalitarista, que se parece mucho a los métodos utilizados por los nazis, el macartismo gringo y las dictaduras a la manera franquista.

En el alba de su primer mandato, el Presidente estableció, muy al estilo Bush, redes de informantes, o de sapos, o de delatores a sueldo, que condujeron a la realización de múltiples arbitrariedades de parte de las autoridades. Hoy, con el sol a sus espaldas (?), vuelve a se fiel a sus afectos por las justicias privadas, las convivires, y por vincular al conflicto a la población civil.

Digamos que esa actitud oficial no es extraña en un país patas arriba, en el cual la corrupción se ha vuelto virtud, en el que se cambian notarías por votos, en el que se establecen criminales alianzas entre políticos y paramilitares, se ferian subsidios y embajadas, y en el cual, como en un tango, es lo mismo un burro que un gran profesor. En ese mismo sentido, la nueva “moral” está atravesada por aquello de quien no roba es un tonto.

La vieja iniciativa uribista aspiraba entonces a reclutar en el país un millón de sapos remunerados y estaba sustentada no en la solidaridad, sino en la desconfianza del otro. Era la profesionalización de la delación. La posibilidad de decir, por ejemplo, que el otro era un enemigo porque escuchaba trova cubana (era más bien un anacrónico que un enemigo), o porque leía a Whitman o a César Vallejo, o le gustaban Mozart y Piazzolla y entonces era sospechoso, debía ser ideólogo de alguna vaina.

Todo aquello se hizo en medio de un ambiente en el cual quien no batiera el incensario al gobierno, era objeto de recelo. Posiblemente un terrorista. Así, quien silbara una tonadilla rara, podría decirse está silbando La Internacional, es un conspirador. O quien tuviera un caminadito extraño o mirara con suspicacia, podría caer en la red. Más tarde, miembros del Ejército, y como efecto de la “seguridad democrática”, realizarán sus nefastos “falsos positivos”, que no son otro asunto que crímenes de estado.

La propuesta presidencial no es sólo aberrante, porque pone como “carne de cañón” a los estudiantes, los vincula como parte del conflicto, sino, sobre todo, porque está montada con presupuestos que atentan contra la ética. Se dirá: ¿y a quién le importa la ética en este país? Se sabe que es parte del deber ciudadano denunciar a cacos de callejón y ratas de alcantarilla, como a aquellos que secuestran, extorsionan, cometen cualquier delito, en fin.

Combatir la criminalidad con estudiantes delatores, más que un atropello es una estupidez. Más bien, el gobierno debería preocuparse por fortalecer las universidades públicas, por estimular la investigación académica en todos sus campos, por crear las posibilidades para que la mayoría acceda a la educación y la cultura. Ah, claro, pero esto es pedir imposibles, porque lo que se nota es precisamente lo contrario.

El aumento de la criminalidad en ciudades colombianas, y en particular en Medellín, hunde sus raíces en la extensión de las mafias del narcotráfico, en la cauda de paracos que jamás desmontaron sus estructuras y actúan a sus anchas en los barrios, con sus prácticas violentas de boleteo, desplazamiento, amenazas y toda clase de acciones delincuenciales. Todo esto también es un síntoma del fracaso de la llamada “seguridad democrática”.

Cualquier gozón pudiera decir que lo de la red de espías, sapos, chivatos, informantes o delatores con “bonificación” es una salida folclórica del Presidente. Pero no. Corresponde a un estilo de trabajo muy propio del fascismo, notorio en estos últimos años en Colombia. Los estudiantes –muchos ya lo han expresado- se sienten ofendidos con el exabrupto. Y ratifican, otra vez, que al mandatario le interesan menos el Estado de Derecho y el desarrollo del conocimiento en universidades y colegios, que la privatización de la justicia. También dicen que se abrirá una nueva carrera: la de sapos.

185369

2010-02-01T20:14:38-05:00

column

2010-02-01T20:14:38-05:00

none

Carrera de sapos

16

4278

4294

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Reinaldo Spitaletta

FMI y protesta social

Ante la ley

Bufón de republiqueta

Contra la guerra, literatura

Abucheo y censura