Por: Felipe Zuleta Lleras

Con patente de corso

“NO SOY UNA MALA PERSONA”, LE dijo el periodista Jaime Bayly en mayo de 2006 a Félix de Bedout en una entrevista para este diario.

Claro que no es una mala persona, es una pésima persona. Bayly tiene la particularidad de mofarse de sí mismo, lo que lo refleja de pies a cabeza con su capul de infanta limeña estrato seis, o pituca como dirían en el Perú.

Pero claro, como el periodista Bayly se la pasa tan ocupado destruyendo a los personajes de este país, tal vez no ha tenido tiempo para mirarse al espejo o de golpe sí y por eso es como es.

No hay día que no se meta con los asuntos personales y privados de los candidatos, a quienes critica sin ninguna consideración. Al único que defiende, porque no lo conoce lo suficientemente bien, es a Juan Manuel Santos. Claro que eso no sorprende a nadie, pues conviene recordar que Bayly apoyó en su momento a Fujimori.

No entiendo por qué Bayly cree que puede trapear con personas como Noemí Sanín, Germán Vargas o Rafael Pardo. Y ni qué hablar de la senadora Piedad Córdoba, a la que trata de guerrillera al mejor y repugnante estilo uribista. Está en mora Piedad de meterle una demanda multimillonaria a Bayly en los Estados Unidos, en donde se transmite su monótono programa.

Este ciudadano cree que su confesada bisexualidad le da el derecho a meterse con todo el mundo, aun con sus familiares y amigos. Esa patente de corso de origen sexual resulta, por decir lo menos, extravagante. Como si la bisexualidad o la homosexualidad le permitieran a uno irse por el mundo calumniando y destruyendo honras ajenas.

Ciertamente Bayly es un periodista talentoso, tiene un par de buenos libros, que no todos, y es divertido. Pero por supuesto que estas cualidades se ven opacadas cuando decide entrometerse en la política colombiana de manera destructiva. No estoy diciendo que no pueda hacerlo, pues está en todo su derecho de opinar lo que a bien le dé su real gana; sin embargo, lo hace con un ladito discriminatorio y odioso que se manifiesta especialmente cuando habla de Piedad Córdoba, a quien discrimina por negra, como si el color de la piel o la condición sexual fueran una excusa válida para atizar el odio. Y él mejor que nadie debería saberlo.

Tal vez Bayly desconoce lo que ha hecho Piedad por este país y por la causa de los secuestrados y la paz. De no ser por ella, muchos de nuestros conciudadanos estarían todavía pudriéndose en la selva por cuenta de la guerrilla. Pero claro, eso no debe importarle a un ciudadano vanidoso que se crió en una de las mejores familias de Lima a instancias de sus abuelos.

Por cuenta de su inmensa vanidad y egocentrismo Bayly habla mal de su padre y acabó con la honra de sus amigos. No en vano él mismo sostiene que “no es una buena persona”. Dice ser rencoroso y perseguir a los que se meten con él. Pues así las cosas, Bayly va a tener que vengarse, porque esta no será la última vez que me meta con el “niño terrible”, como le dicen en su país natal.

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