Sí a mi vida por una generación consciente

hace 4 horas
Por: Ramiro Bejarano Guzmán

No nos crean pendejos

ATERRADORA LA LIGEREZA CON LA que el Gobierno pretende eludir su imborrable falta por el fracaso de la extradición de Rusia a Colombia de Yair Klein, el mercenario israelí que entrenó en los años ochenta las bandas de paramilitares que asesinaron candidatos presidenciales, sindicalistas, periodistas, defensores de derechos humanos, etc.

Tanto el vicepresidente, “Facho” Santos, como el canciller, Jaime Bermúdez, engañan al país. Estos charlatanes sostienen que la Corte de Estrasburgo negó la extradición de Klein, porque exageró la torpe declaración del Vicepresidente acerca de que ojalá el mercenario “se pudriera en la cárcel”.

No hay tal, allá no son idiotas. Un cosa es que Klein temiera ser maltratado, “por un lado, por la pobre situación de derechos humanos en Colombia y, por otro lado, porque pensaba que corría un mayor riesgo por las declaraciones del Vicepresidente a los medios donde lo amenazó con ‘pudrirse en la cárcel’”, y otra muy diferente, que eso mismo hubiere considerado la Corte de la Unión Europea. La cosa no puede reducirse a otra frase aturdida de este caricaturesco Vicepresidente, de las muchas que suele soltar.

La Corte de Estrasburgo lo que hizo fue darle entierro de quinta al informe de derechos humanos del Gobierno de Uribe, por lo que nuevamente al final de estos siniestros ocho años de seguridad democrática, Colombia vuelve a quedar como la republiqueta que ultraja las libertades públicas. En efecto, según el comunicado de prensa de la Corte europea, ésta “comparó los reportes sobre el cumplimiento y respeto de los derechos humanos por parte del Gobierno colombiano, con el informe que realizó el comisionado de la ONU para los derechos humanos” y negó la extradición de Klein porque concluyó que “la situación general de derechos humanos en Colombia es todo menos perfecta”, entre otras cosas porque en el pasado reciente se han presentado “ejecuciones extrajudiciales —falsos positivos—, desapariciones forzadas y detenciones arbitrarias cometidas por agentes del Estado”.

Si la más importante justicia de la Unión Europea considera que la situación de derechos humanos en Colombia no ha mejorado, ello representa una derrota mayúscula del Vicepresidente que se autoerigió en vocero internacional de la política en estas materias, también del Canciller que llegó tarde a Rusia y del Gobierno que terminará con semejante saldo en rojo.

Mientras el Gobierno se lamenta porque Rusia no extradite a Klein, la verdad es que el régimen y sus amigos respiran con tranquilidad y soterradamente celebran que este delincuente no vuelva, porque saben que él sí conoció a la junta directiva nacional del paramilitarismo, conformada por unos encopetados y poderosos señores que siguen sueltos.

Que duerman tranquilos ahora los cómplices que le temen a Klein, pero que no nos crean tan tontos a los demás, porque nos dimos cuenta de que el Gobierno lo que hizo fue todo lo posible para que este mercader de la muerte jamás pisara una cárcel en Colombia.

Adendas

• Se necesita ser muy osado o estar muy perdido, para que Juan Manuel Santos, quien aspira a cautivar también los votos de independientes y liberales, asuma el desafío de aparecer en público con cadáveres políticos, como Enrique Gómez Hurtado, Mariano Ospina Hernández e Ignacio Valencia, liderando una gallada de jubilados políticos, y poniendo por testigo mudo de ese acto tan popular, un afiche gigante de Laureano Gómez.

• Solamente al Gobierno y a la Comisión Uribista de reforma a la Justicia, se les podía ocurrir mantener en secreto el proyecto que supuestamente ya elaboraron. Por supuesto que ninguna legitimidad puede merecer una receta para la justicia elaborada a la medida del mesías que la ha vilipendiado durante sus dos mandatos.

• Un Procurador cuestionado penal y disciplinariamente por la Fiscalía y la Corte, como lo está el “Absolvedor” Ordóñez por presuntos prevaricatos, tiene todo menos autoridad moral para investigar a nadie.

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