Por: Cecilia Orozco Tascón

Un subversivo del orden judicial

CASI INFANTIL SONÓ LA DEFENSA mediática que el Presidente hizo de sí mismo y de sus consejeros, por la persecución que su agencia secreta montó contra la Corte Suprema y que incluía, según nos acabamos de enterar, un infiltrado que grababa las sesiones de los magistrados, reservadas por ley.

Si no fuera por las gravísimas implicaciones que tiene para la democracia ese tenebroso espionaje, las explicaciones del Mandatario sonarían a chiste. Sin embargo, el palo no está para cucharas: las consecuencias de lo sucedido con la supuesta anuencia presidencial son muy hondas, según se desprende de la imputación que el fiscal del caso le hizo a altos funcionarios del DAS, y la conexión que estableció entre ellos y la Casa de Nariño. Por eso dan grima las explicaciones del Mandatario, y no risa. Está haciendo falta —aunque sea al final de su mandato— un buen jurista que susurre consejos al oído de Álvaro Uribe para que no lo deje subvertir el orden judicial, o al menos no tan abiertamente, porque alguien podría denunciarlo en el futuro. Miremos:

1.- Decir que “declara bajo juramento ante la opinión pública” antes de empezar a refutar las imputaciones del fiscal, es hacerle un quite anticipado a la justicia porque uno jura “revelar la verdad y sólo la verdad” ante un juez y si le miente, se atiene al castigo. A la opinión puede engañarla cuando quiera. Obtendrá más réditos que contar lo que pasó.

2.- Señalar que su ex directora del DAS (María del Pilar Hurtado) ordenó averiguar cuántos y cuáles bienes poseían Ramiro Bejarano y el magistrado César Julio Valencia, defensor y contraparte de Uribe en un proceso penal; pero que en realidad lo que ella estaba buscando era la firma, en una notaría, de Bejarano para establecer si el Presidente también tenía derecho a registrar la suya, es un cuento tan torpe que ni siquiera vale la pena referirlo.

3.- Retomar sus acusaciones contra el magistrado auxiliar de la Corte Iván Velásquez, después de que la Fiscalía concluyó que el caso “Tasmania” que recordó el Jefe de Estado, “fue un montaje” contra ese magistrado, es ignorar, a conciencia, un fallo judicial.

4.- Afirmar que “me parece grave que se haya anunciado una audiencia de imputación al doctor Mario Aranguren (director de la UIAF)” investigado por entregarle a la Casa de Nariño datos de los magistrados sin orden legal, es interferir la acción de la justicia.

5.- Indicar que su jefe de prensa se reunió con agentes del DAS para oír de ellos reportes ilegales de la vida y obras de los magistrados porque “lo presionaron sus colegas, los periodistas”, es insultar la inteligencia de los investigadores. Me retracto: la defensa del Presidente no es infantil. Es desesperada.

Entre paréntesis: “Sólo los imbéciles no cambian de opinión cuando cambian las circunstancias”. Juan Manuel Santos, autor de esta memorable frase, ha demostrado con creces que cambia de bando cada vez que su ambición se lo indique. Sin que todos lleguen a su extremo, también han mudado de opinión, de movimiento, de colectividad, o de énfasis en su uribismo y en su antiuribismo, casi todos los demás candidatos: Sanín, Vargas, Pardo y Petro. Conclusión: como no modifica sus principios, Antanas Mockus es un imbécil. ¡Y una partida —o partido— de imbéciles los que lo quieren elegir!

 

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