Por: Alfredo Molano Bravo

Acuerdos y desacuerdos

POCO HAN DICHO LOS CANDIDATOS sobre el prohibido tema de la paz. Ya José Obdulio advirtió que quien hable de paz es caguanero. 

Parecería haber un acuerdo tácito o conversado en clubes de no meterse en ese berenjenal. La guerra contra la subversión le dio votos y vetos y poder a Uribe, y todos los que aspiran a sucederlo juegan la misma carta. Santos y Vargas Lleras —apellidos que nos gobiernan desde el año 38— buscan llevar la Seguridad Democrática más allá de las “fronteras de la patria”.

Ya Santos lo hizo con Ecuador; Vargas Lleras, sin duda, también lo habría hecho. Ambos están detrás de la mínima evidencia, de una pista sutil sobre el vínculo de Chávez o de Correa —y aun de Evo— con las guerrillas para justificar la ampliación del teatro de guerra. Santos y Vargas Lleras están enzarzados en una contradicción: han alabado tanto la seguridad democrática —hasta el punto de querer institucionalizarla como política de Estado— y han hecho tanta escandola con la derrota del terrorismo, que ahora no pueden salir a decir que las Farc están vivitas y coleando. Ya preparan la consigna: la culebra está viva y su cabeza está en Caracas. Por tanto: ¡A la carga! Y les están haciendo la segunda proveedores y fabricantes de armas y material de guerra, altos oficiales de la Fuerza Pública, banqueros, ganaderos, politiqueros, los comandantes del paramilitarismo y esa ingenua masa de idiotas útiles a los que compran con puesticos —o puestazos—. La frontera con Venezuela y Ecuador ha sido reforzada con batallones aéreos, escuadras fluviales, brigadas de infantería y destacamentos mecanizados. Y a la par: corredores paramilitares en la Alta Guajira, en el Catatumbo, en Arauca, en Vichada, en Putumayo, en Nariño. Todo está listo para la elección de Santos, un jugador de póquer empedernido que es capaz de jugar la suerte del país “en una barricada, en una encrucijada, en un motín” para satisfacción de su desbordada vanidad.

En Buenaventura lanzó su plan contra el terrorismo en el mismo sitio donde estalló la bomba asesina que el Gobierno y Naciones Unidas, sin investigación alguna, atribuyeron a las Farc. El discurso fue el mismo, con un anexo: resucitar el fuero militar, patente de corso que Noemí también cacarea y que sería un subterfugio para pasar de agache los llamados popularmente “santos positivos” y volverlos hazañas victoriosas.

Rafael Pardo matiza la política belicista de Uribe-Santos-Vargas Lleras, y con timidez —y cierta nostalgia— nos recuerda haber firmado la paz con el M19 y el Epl, y haberles abierto a estos movimientos la puerta de la Constituyente del 91. Cierto. Tan cierto como el habérselas cerrado a las Farc al autorizar a sus espaldas el bombardeo a lo que se llamaba Casa Verde, una operación que hizo más daño al honor de los militares que a las filas subversivas.

El acercamiento de Petro es más social y no desconoce el carácter político de la insurgencia. Afirma —¡cómo no!— el monopolio estatal de las armas y propone un acuerdo entre el país desarmado sobre reformas para acordar con los armados el modo de ponerle fin a la guerra. Petro hace énfasis en la reforma de las estructuras agrarias, comenzando por la expropiación administrativa de los bienes incautados a los narcos.

Mockus avala lo que “se ha hecho” en materia de orden público, pero a la Seguridad Democrática le atraviesa la Legalidad Democrática. Un reproche duro y de fondo: no se puede hacer cualquier cosa para derrotar al enemigo. Su planteamiento es más cultural y ético: el respeto radical a la vida humana. Quizá, sin gritarlo, Mockus podría llegar a un acercamiento más por este lado que por el tradicional de echar por delante lo social y político. Todo si no le da una de esas chiripiorcas autoritarias que le saben dar. Enseñar el valor de las cebras no es igual a botar las metras.

Como van las cosas, se llegará a una convergencia entre Santos, Vargas Lleras y Noemí para seguir guerreando, y, quizá —vivimos de esperanzas— un acercamiento entre Pardo, Petro y Mockus para conversar y proponer abrir un postigo a una solución civilizada. Los dueños del poder no pueden condenar al país a la guerra y al desangre, entre otras porque ellos nunca ponen los muertos ni el sudor ni las lágrimas.

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En la madrugada del jueves murió Luz Jaramillo, amiga del alma. Murió como vivió, con dignidad y pulcritud. Luz era una mujer libre y libertaria. No conocía ataduras y por eso no aceptaba que otras u otros las soportaran. Se fue sin avisar; se escurrió de la vida con la discreción y la fortaleza que sabía usar en los malos pasos.

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2010-04-17T23:00:00-05:00

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2010-04-18T15:43:13-05:00

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