Por: Cecilia Orozco Tascón

¿Tanto éxito marea?

¿ES BUENO QUE ANTANAS MOCKUS crezca tan rápidamente como lo indica la tendencia de las encuestas? La respuesta “simple”, como dice el propio Mockus, es no. La más complicada es que debería cuidarse de tanto éxito.

Por pura coincidencia, un buen amigo del Partido Verde me mencionó el dicho zen, según el cual la desgracia puede traer suerte y la suerte llegar con infelicidad. Buena reflexión para momentos de pretendido triunfo. Mockus y sus coequiperos harían bien en prender sus alarmas y  protegerse de los fenómenos que nacen, como la mala yerba, dentro y fuera de la campaña. Menciono algunos de los externos:

Envidia. Cómo será de dañina que el catolicismo la define como pecado capital y, qué pena con mis paisanos, pero Colombia es el centro mundial de su producción. Hay mucha gente lesionada con la sola posibilidad de que el resultado electoral le sea adverso. Ya empezaron a regarse chistes y chismes destructivos, y se rumora que un malhadado estratega que se hace mencionar con seudónimo, ha iniciado procesos de difamación.

Temor. Sí, parece un contrasentido frente a pacifistas, pero así es: los verdes generan miedo. ¿A quiénes? A los del statu quo. ¿De qué? De perder el control del Estado; de quedarse sin puestos ni contratos con los cuales manipular; de que les descubran sus maturrangas; de que ahora sí falle la justicia en santa ley.

Odio. De algunos candidatos y sus equipos; de sus congresistas aliados, de sus grupos de protegidos y lagartos, y hasta de la Casa de Nariño. Sumen ataques verbales, y calidad y frecuencia de los mismos. No es difícil notar cómo va creciendo la ola negra al tiempo con la verde. Esperemos que de la palabra no se pase a la violencia física.

Y de los internos:

Vanidad. Desde cuando los ex alcaldes renunciaron a sus aspiraciones individualistas para hacer un ejercicio político de conjunto, no parecen adolecer de este problema. Sin embargo, el exceso de aplausos en la web, las plazas públicas llenas y los abultados indicadores de intención de voto, pueden terminar mareando hasta al más humilde de los mortales. Detrás de la vanidad viene la soberbia. Si eso ocurriera, sería motivo de desencanto total.

Mucho tilín tilín y nada de paletas. Hace carrera la frase aquella de que con Mockus Colombia puede “dar un salto al vacío”, porque supuestamente nadie sabe qué hará, cómo asumirá los conflictos y qué tendencia política primará entre las diferencias conceptuales que existen entre los cuatro ex mandatarios. Las oleadas de adeptos y voluntarios no constituyen sino manifestaciones de emoción. ¿Qué tal si los verdes se dedican a afinar la razón, las propuestas concretas, la definición de posiciones? No es hora de celebraciones sino de trabajo y rigor.

Entre paréntesis. Mientras todos miramos, asombrados, el nacimiento y vertiginoso crecimiento del fenómeno Mockus en la campaña presidencial, ha pasado inadvertido el papel cada vez más activo del procurador Ordóñez en asuntos de competencia exclusiva de la Corte Suprema. Anda metiendo las narices y las manos en la elección de Fiscal General y por esa vía, de Vicefiscal General, según lo creen, porque tienen datos, algunos candidatos de la terna. Y como si fuera poco, ahora quiere plantar a su subalterno más cercano en la Sala Penal de la Corte, en reemplazo de un magistrado a quien se le cumple su período. Si triunfa en ambos intentos, habrá coronado: controlará los procesos penales, además de los disciplinarios. ¡Eso no lo logró ni el presidente Uribe! Y contará con condescendientes jueces tanto en la Corte como en la Fiscalía, donde tiene procesos pendientes.

 

 

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