Por: Daniel García-Peña

Guerra política

UN “CRIMEN MONSTRUOSO”, ASÍ CAlificó Juan Gossaín, en un reciente editorial radial, los hallazgos de un allanamiento de la Fiscalía a las instalaciones del DAS, que demuestra que el organismo que depende directamente del Presidente de la República, más allá de las ya de por sí deplorables “chuzadas”, incursionó en lo que, de manera descarada, los documentos incautados definen como “guerra política”.

Uno de los publicados por RCN describe la “Operación Amazonas” y define a uno de los “blancos” como “partidos políticos opositores al Estado” (léase bien: “opositores al Estado”). Entre sus resultados está “desinformar a la población que se encuentra a favor de los detractores del Gobierno” y los métodos son “desprestigio”, “sabotaje” y “presión”. En el caso específico de Gustavo Petro, señala que hay que “generar vínculos con las Farc”.

Es increíble que semejante noticia no haya tenido mayor resonancia ni repercusión en otros medios, no sé si por no querer darle crédito a la chiva de Gossaín o simplemente por el calor de la contienda electoral, en la cual lo único que parece importar son las encuestas. Sólo vi al respecto, una columna en El Mundo de Medellín, que pone en duda la autenticidad del documento.

Pero si se tratara de un montaje para desprestigiar a las autoridades, ¿por qué no ha sido desmentido por el propio DAS? Más grave aún, ¿por qué muchas de las cosas enunciadas en el perverso documento se han hecho realidad en estos últimos años?

Lo cierto es que la campaña para desprestigiar a la oposición ha sido persistente, sistemática y efectiva. Los seguimientos a los dirigentes y sus familiares sí se han hecho, como lo han revelado las investigaciones en curso. Son decenas los casos de robos de discos duros y USB en domicilios y oficinas, sin llevarse nada más de valor. Han sido frecuentes y continuos los ataques de hackers a las páginas web. Me pregunto cuántas de las mal llamadas “opiniones” que aparecerán a continuación de esta columna en la versión punto com, muchas veces insultos más que cualquier cosa, provienen de personas contratadas para la tarea de guerra cibernética.

Una mentira repetida mil veces se vuelve realidad. Pese a que Petro ha sido un fuerte crítico de las Farc toda la vida, y las Farc de él, una de las principales razones que la gente en las encuestas da por tener una opinión desfavorable de él, es por verlo como “amigo de las Farc”.

Hizo bien al reclamarle a Yamid Amat en su entrevista dominical, por su pregunta sobre las relaciones del Polo con las Farc, la cual constituye, consciente o inconscientemente, una acusación. No hay ni un solo dirigente del Polo condenado o enjuiciado por nexos con las Farc, y es pregunta obligatoria de toda entrevista, mientras jamás le preguntan a Juan Manuel Santos de sus nexos con los paracos, aunque sí tiene a docenas de integrantes de su partido y partidarios suyos en la cárcel o investigados por parapolítica.

Pero quien más se ha encargado de poner en práctica el plan de desprestigio ha sido el propio presidente Uribe, al calificar, como lo ha hecho en repetidas ocasiones, a sus opositores como terroristas.

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