Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Peste negra

CUANDO JUAN MANUEL PUNTEABA en las encuestas todo fue tranquilidad. Apenas empezó a naufragar, reventó la guerra sucia del desprestigio, igual a la que se ejecutó desde la “Casa de Nari”, el DAS, la UIAF, contra opositores, críticos y periodistas.

Los de la U que se erigen como los sucesores de Uribe no aprendieron la lección que dejan las “chuzadas” del DAS y, para salvar a su candidato, están dispuestos a aniquilar a Mockus con canalladas.

Mientras en Villavicencio un partidario de Santos pagó una valla insultante contra Mockus, en Bogotá el santismo furioso intentó manchar la imagen pulcra del ex alcalde, sólo porque hace unos años inició un pleito que no le prosperó, con el que pretendió el pago de una discreta suma por concepto de gastos de reposición.

El injurioso aviso llanero fue bajado por orden del Consejo Electoral, sin que Juan Manuel lo repudiara. El cuento del supuesto abuso de Mockus por exigir judicialmente lo que creía eran sus derechos, en vez de andar tras cuantiosas zonas francas o subsidios de Agro Ingreso Seguro, tampoco les pegó. Ese disparate sólo puede ocurrírseles a mentes perturbadas. ¡Qué tal! Quien agota un recurso legal y no tiene éxito, entonces es indecente.

Pero eso sólo fue el comienzo de una gigantesta ola que ya se apoderó de la campaña que parecía serena. A Mockus lo han crucificado los medios y comunicadores amigos de Santos, porque frente a la pregunta de si extraditaría a Uribe, él con su cuento de “legalidad democrática” respondió que si la Constitución y la ley le llegaren a imponer esa obligación, tendría que cumplirla. Tal postura es jurídicamente impecable. Si algo hay para censurar a Mockus es haber rectificado su inicial apreciación, porque lo que bajo su óptica de matemático contestó, no tiene reparo. En efecto, señalar que ante una obligación legal impostergable la cumpliría sin mirar las personas afectadas, es rendirle culto al símbolo de la venda sobre los ojos de Temis, la diosa de la justicia.

En cambio, ante el reversazo de Juan Manuel sobre lo orgulloso que dijo sentirse por la invasión al Ecuador, y por estar dispuesto a volver a ejecutar el intrépido asalto, nadie dijo que era un inconsistente o un improvisado, o el Chavo del 8, como sus amigos estigmatizan al ex alcalde.

Puestas en la balanza ambas rectificaciones, sin duda la de Mockus  es inofensiva frente a la de Santos, porque mientras nadie está pensando en extraditar a Uribe, en cambio en Quito y Caracas sí andan preocupados, con razón, de que Santos haya dicho lo que oímos, sobre su disposición para repetir la malhadada invasión ecuatoriana.

Caído Santos en las encuestas reaparece el tristemente célebre J. J. Rendón, bien conocido en los países donde ha prestado sus servicios como asesor político. La versión es creíble porque quien trajo a Colombia a este controvertido venezolano en la contienda electoral de 2002 fue precisamente Juan Manuel, y no hemos olvidado todo el enredo que entonces se armó.

 Ya se sabe que José Obdulio es de las entrañas santistas, pero, ¿será capaz Juan Manuel de negar que en su campaña no tiene ninguna injerencia, ni siquiera virtual, su amigo J. J. Rendón? Ya veremos.

Aunque votaré por Pardo, el candidato mejor preparado, como a muchos colombianos me subleva que la respuesta de Santos y sus amigos a su mala fortuna en las encuestas sea la de desprestigiar a Mockus.  Hoy el afectado con esa desleal arma política es el ex alcalde, mañana seremos todos, como ocurrió en el tortuoso régimen de la seguridad democrática. Sólo falta el atentado personal o el fraude electoral. ¿Se atreverán?

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Adenda. Qué extraño que en el Consejo de la Judicatura y en la Procuraduría se estén moviendo viejos procesos disciplinarios contra jueces y fiscales que precisamente tramitan incómodos procesos penales contra funcionarios del Gobierno. Otra vez la mano siniestra del “Absolvedor” Alejandro Ordóñez Maldonado, haciendo los favorcitos de siempre.

 

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